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India, viaje a otro mundo

Texto: Danilovich Lebowsky.

Lo primero que uno hace cuando se decide a viajar es, por supuesto, elegir el destino. Algo que en principio debería ser fácil no siempre lo es, ya que el mundo es demasiado grande y nosotros conocemos tan poco de él que uno no sabe por dónde empezar.080207_india1.jpg

Bien, pues mi consejo es no empezar por la India. ¿Por qué? Déjenme explicarlo.

Lo cierto es que contra toda lógica, nunca he elegido yo mismo el lugar de viaje, sino que han sido las circunstancias las que lo han hecho por mí, cosa que también tiene su gracia. Lo que sí les puedo decir es que la India no es un país para viajeros noveles por dos razones.

En primer lugar, para cualquiera que no haya viajado antes, la India puede resultar difícil, no sólo por el idioma, ni por el desorden aparente de las cosas, sino por las diferencias culturales. Digamos que India es un planeta aparte, donde viene bien tener ciertas tablas a la hora de viajar que les permitirán disfrutar de situaciones que en un principio pueden resultar difíciles o desagradables.

Por otra parte, este país no dejará de sorprenderles nunca, es demasiado intenso. Por muchas cosas que hayan visto antes, y cuando crean que ya no hay nada en este mundo que les pueda llamar la atención, siempre aparece algo capaz de sorprendernos aún más, y no me refiero a templos, paisajes o museos, sino a la vida cotidiana. Son demasiadas cosas interesantes las que se pueden ver con sólo prestar atención a lo que sucede a nuestro alrededor, demasiada información. Por eso, al elegir India para debutar como mochilero se corre el riesgo de que el resto del mundo pierda su encanto, que parezca menos interesante.

Es por esto que para viajeros o mochileros noveles que tengan ciertas dudas a la hora de empezar a viajar, mi recomendación es empezar a conocer el mundo por América Latina, donde viajar, en general, es un placer. Todo es mucho más fácil y el idioma, en lugar de ser una barrera, es un instrumento que nos permite acercarnos mucho más a la cultura local. De cualquier forma, si se ven con recursos y energía suficiente, adelante.

080207_india2.jpgEn mi opinión, para viajar tanto por India como por cualquier lugar del mundo, la mejor forma de hacerlo es por tierra, con tan solo una mochila, una guía de viaje y nada contratado de antemano, contratando las excursiones con guías o agencias de turismo locales.

En el caso de la India, en particular, es necesario disponer de bastante tiempo, por lo menos dos o tres meses, si no, para estancias menores de un mes es conveniente recurrir a agencias de viajes para aprovechar más el tiempo, ya que en este país todo es mucho más lento de lo que uno se imagina.

Y es que la India es otro mundo, pero de verdad, y necesitaría más páginas de las que dispongo para explicarles porqué, así que si les parece, se lo iré contando poco a poco a través de artículos que irán apareciendo en esta misma web, periódicamente y junto con información práctica de lugares interesantes, monumentos, eventos y de más.

De momento, como diría Confucio, “Agarrad una mochila ligera, echad en ella la mitad de ropa y el doble de dinero que creáis que vais a necesitar, y ¡a disfrutar!”.

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Asociaciones libres: París (Francia), Choroní (Venezuela) y Bolonia (España)

Texto y foto: Carlos Casale.

Hace tiempo, vagabundeando por España por los comienzos de la mítica N-340, en el km 70,2 nos sentimos atraídos por una señal caminera que anunciaba: “Bolonia 8 kms”, -picados por la curiosidad– dado que La Bolonia soñada por nosotros está en Italia y la creíamos única . Cogimos el desvío para descubrir una de las playas más hermosas, con el permiso del viento de Levante, del Atlántico sur europeo y -ventajas de no andar programado-, topamos con uno de los asentamientos romanos que más nos ha despertado la imaginación (sorprendido).

Bolonia (Baelo Claudia) era una factoría de pesca romana, allí, en grandes vasijas al aire libre preparaban el Garum, una especie de paté de vísceras de pescados; atún, morena, entre otros que -al parecer- volvía locos a los romanos de las capitales..-lo creían afrodisíaco -siempre pensando en lo mismo.

En Baelo Claudia, con permiso del viento de levante, caminamos por su Cardus maximus, de sur a norte, imaginando la febril actividad que allí se desarrollaría… los vestigios del mercado, en un entorno tan sugerente, nos mostraban a sus habitantes en febril shopping un día de teatro, perfumados por el bronco aroma del Garum que se maceraba en la fábrica que aún perdura en la playa. Nada que envidiar a capitales tan lejanas como Lutecia o Roma que deberían conformarse con las conservas de lo que allí se cocinaba en vivo, en directo.

Esto fue hace años –nuestro encuentro con Bolonia- el viento de Levante nos echó, pero todo quedó archivado en nuestra memoria RAM.

Ahorita, según dicen los locales, en septiembre pasado, estando en Caracas, capital de la República Bolivariana de Venezuela, amigos nos recomendaron visitar la llamada playa de Caracas: Choroní, a hora y media de la capital. Un cachetazo de nuevos olores, colores, sonidos, para europeítos como nosotros: un cachetazo de sensaciones… 070207_asociaciones.jpgy en
Choroní nos sorprenden sus mercatores asentados en la principal vía y único camino que une el pueblo, Puerto Colombia y su hermosa Playa Grande en el camino, metro a metro se alzan pequeños y unifamiliares negocios de comidas, bronceadores, zumos, pareos, hielo, ojotas (chanclas), cervezas y todo lo que usted haya imaginado que puede o debe adquirir camino a una playa.

Volveremos con ustedes a Choroní, hoy solo recordamos sus mercatores, por aquello de las “asociaciones libres de personaqueviaja”, unos de los mayores placeres del trotamundos.

Ahora, a comienzos del 2007, de paso por París (Lutecia); vagabundeando hasta que –después de 7 horas de caminata- las contracturas comienzan a emitir preaviso del fin cercano, pero aun así seguimos llenándonos con Le Marais (3º et 4º arrondissamentes – metro St. Paul como punto de partida) “Las Marismas” para los españoles.., merecen hasta 14 horas diarias de vagabundeos, 14 semanas, 14 años…

Me sorprendo al constatar que estoy detenido en la Rue de Rivoli, frente mismo a la antigua vía romana trazada en dirección este (hoy rue Saint-Antoine y Francois Miron), a mi derecha el Hotel de la Ville (ayuntamiento), a mi izquierda La Bastille, en definitiva en el corazón mismo de una de las ciudades mas hermosas del planeta y ¡cágate lorito!, en tanto espero a mi chica que me abandonó temporalmente, un camión –pintado de diseño- aparca frente a mí, en la principal Rue Rivoli y de él, operarios comienzan a bajar y armar un chiringuito… un chiringuito de hierro y lonas –de diseño- en la misma esquina de la RUE RIVOLI y ¡¡recágate lorito!!: bajan también grandes bandejas de comida humeante –de diseño- para vender –en la calle- como en Choroní, coñe, como en Bolonia; mercatores del Planeta Azul.

Conmocionado, veo que los franceses de impecable uniforme –de diseño- que atendían el “chiringuito” se esfumaban y eran reemplazados por romanos en sandalias, que voceaban -en latín popular- la novedad del “Garum” recién recibido de la lejana y exótica Hispania… (las filas de atildados franceses que educadamente esperaban su turno se transformó a su vez en hilera de esclavos que alborotadamente esperaban adquirir el Garum, para sus señoritos patricios claro, ellos con olerlo tan solo, se debían dar por bien pagaos).

Mi compañera de regreso, con el tabaco recién adquirido en la mano, al ver mi palidez (al percibir mi conmoción/al percibir mi desconcierto) me pregunta asombrada “¿te pasa algo?”… “no, no”, la tranquilizo; “tan sólo un revoltijo de asociaciones libres” –placentero.

¿El centro de Europa, o timo geográfico?

En mi visita a Lituania, fui con unos amigos al denominado “Centro Geográfico de Europa”. A mí, con mi geografía de andar por casa, me parecía que Lituania estaba muy desplazada al norte y al este como para ser el centro. Cuando llegamos al lugar, donde hay un monumento y una marca en el suelo señalando el lugar exacto060207_centro.jpg (en la foto puede verse el cartel explicativo en idiomas tan variados como inglés, lituano, francés y hasta griego… castellano ni por asomo), me encontré con un mapa detallando cómo se había calculado el centro geográfico europeo. Estaban los puntos “externos” de Europa -norte, este, sur, etc.- pero en cuanto que vi que las Islas Canarias estaban dentro del cálculo, me escandalicé. ¡Las Canarias son España, pero no Europa, del mismo modo que tampoco lo son ni Ceuta ni Melilla! Cuando hablamos de política no podemos mezclarla con la geografía: las Islas Canarias políticamente son europeas, pero geográficamente son africanas (no sólo lo digo yo, también Wikipedia afirma que están en África, y forman parte de España). La cuestión es que yo me puse a maldecir diciendo que ese cálculo era absurdo, que del mismo modo podríamos incluír a las Islas Malvinas como parte de Europa, porque están controladas por los británicos, o la Guyana francesa también, por motivos idénticos.

Lo cierto es que, desde entonces, no he podido sacarme esa duda. ¿Es Lituania el verdadero centro de Europa? Así parece reconocerse a raíz del estudio realizado por el Insituto Nacional de Geografía de Francia, realizado en 1989. El lugar sigue considerándose una atracción turística: www.lituaniatur.com/index.php?id=59.

No es educado en un blog plantear dudas en lugar de resolverlas, pero este tema me atormenta cada noche sin excepción (bueno, quizá exagere algo) desde mi visita al lugar en cuestión, en mayo del 2004. Si algún geógrafo visita estas páginas y me explica por qué un territorio geográficamente africano forma también geográficamente parte de Europa, dormiré más tranquilo.

De todos modos, Lituania es un hermoso país para visitar, como ya he explicado en otras entradas y no pretendo con esta duda desprestigiarla como destino turístico, destino que sigo recomendando a quien caiga por estas páginas.

Problemas de Conexión

Gracias a la compañía de Internet que tengo contratada, Intercable, estuve un par de días sin Internet. Por tanto, hoy no pude preparar un artículo para ustedes, tal y como me hubiera gustado.

Algunos dirán “qué excusa más triste”, “podrías haber bajado a un Cyber”, “menudo vago redomado, seguro que el viernes estuvo borracho y por eso no pudo” o similares.

Tienen todos razón. No los merezco. ¿Qué más puedo decir?

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Paris, vous etes ici

Texto y fotos: Carlos Casale.

Como muchos de vosotros, nosotros intentamos encontrar nuestro lugar en el mundo, y qué mejor que buscarlo en París, y, envueltos en su grandeur (grandiosidad) no sólo encontrar nuestro lugar en el mundo sino, incluso, un plus, el plus que París siempre está dispuesto a dar (mostrar, arrojarte a la cara, apabullarte).

La proliferación de mensajes en cualquier calle parisina ayudando con un rotundo Vous etes ici (Usted está aquí) para que sepamos en cada momento dónde estamos y hacia dónde podemos ir, da un plus de tranquilidad, de paz, ante el sobrecogimiento de la arquitectura de la ciudad en escala grandiosa.

Sobrecoge por ejemplo, tomar una infusión en el Café de la Paix (coste aparte) y observar L’Opera; se siente uno más pequeño de lo que es en realidad, como si los albañiles nos quisieran acongojar amontonando piedras armoniosamente, pero fuera de escala humana, eso: como haciéndonos creer que París fuese sobrehumano… lo que atemoriza, infunde respeto, o atrae, o todo eso junto.020207_paris.jpg

El caso es que con ese Vous etes ici omnipresente en París, uno se siente mucho mejor, pero no podia ser tan sólo asi; hay más, veamos:

En el afán de ir a la contra de la marea de extranjeros que pululan por la ciudad luz, elegimos con mi chica ir a La Villette, donde nada en especial estaba anunciado para ese día, tan sólo La Villete misma, que aun asi –sola- vale la pena (Metro, linea 7 dirección – La Courneuve – estación Porte de la Villette– N.E en el mapa)

Vagando por sus caminos solitarios, con un frío acongojante y una llovizna compañera, ratificamos lo que decíamos al principio, sobre la escala acongojante de París. Por ejemplo ante el inmenso Pabellón (tipo rockódromo, no me acuerdo el nombre coñe) o ante las hermosas imágenes que se reflejan cambiantes en la gran esfera de la Géode.

Y aquí una pausa para subrayar parte importante del credo de los trotamundos: el no aferrarse a programaciones rígidas, ir un poco a lo que salga.

Cuando nos disponíamos a dejar de vagabundear –ante el peligro de congelamiento- por los caminos de La Villette, nos topamos con un cartel que anunciaba en la Cité des sciences & de l’industrie, una exposición con este titulo: Seuls dans l’univers? Atraídos, decidimos dirigirnos a otro inmenso edificio (el de la Cité…) que alberga –entre otras muchas- la exposición ¿Solos en el Universo? (hasta el 22.07.07).

No sabríamos decir si estamos o no solos en el universo, pero en lo que a la exposición se refiere… no estabamos solos… a fé que no estábamos solos… una multitud se desplazaba lentamente por ella… y nos dejaba en evidencia… La Villete estaba solitaria –a nuestro parecer- porque la mitad de los críos de París en vacaciones decidieron traer a sus padres a la Cité… inmensa y calefaccionada pequeña parte de La Villette.

Y allí, en la entrada de ¿Solos?, un inmenso panel de puntos de distinta luminosidad nos da a escala una reproducción –parcial- de los miles de millones de estrellas, planetas y otros cuerpos que forman nuestra galaxia y, más detallista aún, nos advierte que la inmensa reproducción abarca solamente parte de los millones galaxias que forman nuestro universo, y ante nuestra sensación de desasosiego ante esa realidad, ante esa luminosidad enceguecedora y verdaderamente acongojante, a nuestra derecha, a una altura media de la representación sobre uno de los millones de pixeles representativos del universo, ese pixel estaba señalado con un: Vous etes ici.

Fuimos a París intentando encontrar nuestro lugar en el mundo y París nos señala nuestro lugar en el Universo, es indubitable: París siempre da algo más.

Hoy tengo más conciencia que habitamos una mota de polvo en una inmensidad inabarcable y ya no me siento empequeñecido ante L’Opera.. ¡que va! (no te jode).

Remerci París… moi, je t’aime.