España

Texto y foto: Carlos Casale.

Hace tiempo, vagabundeando por España por los comienzos de la mítica N-340, en el km 70,2 nos sentimos atraídos por una señal caminera que anunciaba: “Bolonia 8 kms”, -picados por la curiosidad– dado que La Bolonia soñada por nosotros está en Italia y la creíamos única . Cogimos el desvío para descubrir una de las playas más hermosas, con el permiso del viento de Levante, del Atlántico sur europeo y -ventajas de no andar programado-, topamos con uno de los asentamientos romanos que más nos ha despertado la imaginación (sorprendido).

Bolonia (Baelo Claudia) era una factoría de pesca romana, allí, en grandes vasijas al aire libre preparaban el Garum, una especie de paté de vísceras de pescados; atún, morena, entre otros que -al parecer- volvía locos a los romanos de las capitales..-lo creían afrodisíaco -siempre pensando en lo mismo.

En Baelo Claudia, con permiso del viento de levante, caminamos por su Cardus maximus, de sur a norte, imaginando la febril actividad que allí se desarrollaría… los vestigios del mercado, en un entorno tan sugerente, nos mostraban a sus habitantes en febril shopping un día de teatro, perfumados por el bronco aroma del Garum que se maceraba en la fábrica que aún perdura en la playa. Nada que envidiar a capitales tan lejanas como Lutecia o Roma que deberían conformarse con las conservas de lo que allí se cocinaba en vivo, en directo.

Esto fue hace años –nuestro encuentro con Bolonia- el viento de Levante nos echó, pero todo quedó archivado en nuestra memoria RAM.

Ahorita, según dicen los locales, en septiembre pasado, estando en Caracas, capital de la República Bolivariana de Venezuela, amigos nos recomendaron visitar la llamada playa de Caracas: Choroní, a hora y media de la capital. Un cachetazo de nuevos olores, colores, sonidos, para europeítos como nosotros: un cachetazo de sensaciones… 070207_asociaciones.jpgy en
Choroní nos sorprenden sus mercatores asentados en la principal vía y único camino que une el pueblo, Puerto Colombia y su hermosa Playa Grande en el camino, metro a metro se alzan pequeños y unifamiliares negocios de comidas, bronceadores, zumos, pareos, hielo, ojotas (chanclas), cervezas y todo lo que usted haya imaginado que puede o debe adquirir camino a una playa.

Volveremos con ustedes a Choroní, hoy solo recordamos sus mercatores, por aquello de las “asociaciones libres de personaqueviaja”, unos de los mayores placeres del trotamundos.

Ahora, a comienzos del 2007, de paso por París (Lutecia); vagabundeando hasta que –después de 7 horas de caminata- las contracturas comienzan a emitir preaviso del fin cercano, pero aun así seguimos llenándonos con Le Marais (3º et 4º arrondissamentes – metro St. Paul como punto de partida) “Las Marismas” para los españoles.., merecen hasta 14 horas diarias de vagabundeos, 14 semanas, 14 años…

Me sorprendo al constatar que estoy detenido en la Rue de Rivoli, frente mismo a la antigua vía romana trazada en dirección este (hoy rue Saint-Antoine y Francois Miron), a mi derecha el Hotel de la Ville (ayuntamiento), a mi izquierda La Bastille, en definitiva en el corazón mismo de una de las ciudades mas hermosas del planeta y ¡cágate lorito!, en tanto espero a mi chica que me abandonó temporalmente, un camión –pintado de diseño- aparca frente a mí, en la principal Rue Rivoli y de él, operarios comienzan a bajar y armar un chiringuito… un chiringuito de hierro y lonas –de diseño- en la misma esquina de la RUE RIVOLI y ¡¡recágate lorito!!: bajan también grandes bandejas de comida humeante –de diseño- para vender –en la calle- como en Choroní, coñe, como en Bolonia; mercatores del Planeta Azul.

Conmocionado, veo que los franceses de impecable uniforme –de diseño- que atendían el “chiringuito” se esfumaban y eran reemplazados por romanos en sandalias, que voceaban -en latín popular- la novedad del “Garum” recién recibido de la lejana y exótica Hispania… (las filas de atildados franceses que educadamente esperaban su turno se transformó a su vez en hilera de esclavos que alborotadamente esperaban adquirir el Garum, para sus señoritos patricios claro, ellos con olerlo tan solo, se debían dar por bien pagaos).

Mi compañera de regreso, con el tabaco recién adquirido en la mano, al ver mi palidez (al percibir mi conmoción/al percibir mi desconcierto) me pregunta asombrada “¿te pasa algo?”… “no, no”, la tranquilizo; “tan sólo un revoltijo de asociaciones libres” –placentero.

Babia, la de verdad

Texto y fotos: Laura Furones.

Posiblemente todos hemos sido más o menos a menudo acusados de estar en este lugar, normalmente por parte de nuestra madre, y normalmente seguido de un “¿…o es que estás idiota?” o de una colleja. Pero Babia existe de verdad, no sólo en nuestro ensimismamiento. Y, además de real, es precioso. No lo digo sólo yo: desde 2004, esta zona al norte de León, casi frontera con Asturias (todo ello en España), es Reserva de la Biosfera de la UNESCO.

Esta comarca (pues eso es lo que es Babia) tiene todo lo que un avezado turista rural o montañero pueda desear: unos paisajes bellísimos, unas casas rurales para olvidarse del mundo y una gastronomía local como cabría esperar de esos pueblos de la España profunda donde aún es posible pasarse una hora entera con la dependienta090107_babia2.jpg de la tienda local aprendiendo cómo se pasa de la leche de vaca al queso de la región, que es de llorar (de emoción).

Los pequeños pueblos de la región, como San Emiliano, Villafeliz, Torrestío o Robledo, suelen contar entre sus casonas de piedra con algún hostal acogedor, relativamente barato y, si hay suerte, con salón con chimenea. Es el caso, por ejemplo, de la “Casona Babia” en San Emiliano, sencilla pero limpia, acogedora y con pan de pueblo recién tostado para desayunar.

Invierno es una época especialmente recomendable para visitar esta zona, sobre todo si uno quiere experimentar unas auténticas navidades blancas. Esto es especialmente atractivo dado que, al ritmo al que vamos, es bastante probable que la nieve sea cada vez más difícil de ver en este planeta nuestro recalentado. No se pierdan la oportunidad 090107_babia1.jpgde sentir el crujido de la nieve virgen bajo sus pies, y la pureza del olor a frío helado.

www.babia.net Los nombres de estos enlaces parecen un chiste, pero no lo son. Su verdadera gracia está en que los visites y te informes, para disfrutar al máximo tu estadía.

www.elrincondebabia.com Un alojamiento de la zona con web espectacular. Incluye información de la comarca y una plausible explicación del origen de la famosa expresión (¿cómo que qué expresión? ¿Tú estás en Babia, o qué?).

http://es.wikipedia.org/wiki/Babia
¡No, Wikipedia no es perfecta! ¡A veces se queda en Babia!

Preguntas Muy (o bastante) Frecuentes

-¿Cómo llego?
Depende de dónde se encuentre. Hasta España se puede llegar en avión, tren, coche, barco y parapente, que es ambientalmente amigable. Más concretamente, la llegada desde León es siguiendo la N-623, dirección a la Magdalena, o bien por la autopista A-63, tomando la salida hacia Villablino. Todos los accesos tienen curvas, pero el mareo compensa con creces.

-¿Es realmente un lugar recomendable para mí, persona de ciudad estresada, contaminada y que no diferencio un mamífero de un semáforo?
Sí, Babia es un lugar ideal para reconciliarse con la naturaleza y con uno mismo, y darse cuenta de que el ritmo acelerado de vida que hoy nos marca la sociedad urbana no sólo es insano, sino totalmente ridículo.

-Eso de la naturaleza está muy bien, pero ¿y si me pican bichos?
Babia es un lugar para visitar a lo largo de todo el año, y lo único que puede picar son mosquitos, mucho más frecuentes en cualquier ciudad que se precie que aquí. Las posibilidades de que pique un oso pardo son remotas, pues la población de los mismos está tristemente bastante diezmada. Y porque los osos pardos son mamíferos, no semáforos, y como tales, no pican.




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