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Una visita a Sarajevo. ¿Por qué no?

No es Sarajevo, ni el país que capitaliza, Bosnia-Hercegovina, de los lugares que se nos vienen a la mente de golpe cuando pensamos en unas vacaciones. Nuestra idea de Sarajevo -por favor, pronúncienlo Saraievo, que es como se pronuncia en serbocroata, y suena mucho más lindo- es la que recibimos de los informativos en 140107_sarajevo.jpglos noventa: asedio, bombardeos, francotiradores, guerra civil, asesinatos, fosas comunes, matanza del mercado, etc. Toda una montaña de horrores de toda clase que hacen que en nuestro subconsciente la idea de establecer una relación Sarajevo-Vacaciones sea tan disparatada como RBD-Música.

Curiosamente, es la historia reciente la que hace la visita más interesante. La mayor parte de la belleza de lo que fue la ex-Yugoslavia se encuentra en la costa, y la capital bosnia está bastante hacia el interior del país. A pesar de las montañas que la rodean (fue sede de los Juegos Olímpicos de Invierno en 1984, y tiene una actividad deportiva invernal todavía presente), cuevas en als cercanías y algunos detalles arquitectónicos que resumen la mezcla cultural que ha sido históricamente su mayor virtud y su peor castigo, no se puede decir que sea un ciudad hermosa. Lo que hace fascinante una visita actualmente es su gastronomía, su gente, pero sobre todo, la oportunidad de ver con nuestros propios ojos a la que fue protagonista absoluta de las noticias internacionales entre 1993 y 1996. En la terminal de transportes, hay agencias de viajes que organizan paseos por la ciudad, cubriendo aspectos del pasado, pero sobre todo de la guerra que desangró a los Balcanes hace poco más de diez años. Como buenos ex-yugoslavos, su facilidad para los idiomas es impresionante, pero de todos modos no esperes milagros: las paseos se organizan en inglés mayoritariamente, con algunas opciones en alemán e italiano.

Te llevarán a los rincones más bellos de la ciudad, así como a los que remueven sentimientos más tristes, como algunos parque públicos convertidos en cementerios. Hiela la sangre en estos lugares ver cómo casi todas las lápidas son de personas cuyas vidas terminaron en ese período aciago. Podrás visitar el túnel que excavaron los habitantes de la ciudad para romper el cerco de los francotiradores. Las vistas del parlamento cañoneado, la bliblioteca quemada y tantas otras no son turismo morboso: son lección de historia. Por otro lado, Sarajevo fue el lugar donde comenzó la Primera Guerra Mundial, cuando un nacionalista serbio (Gavrilo Princip) asesinó al Archiduque Franz Ferdinand de Austria el 28 de Junio de 1914, lo que precipitó el primer conflicto a gran escala de los tiempos modernos. Una placa señala el lugar de los hechos. Los bosnios, maestros del humor negro (y recordando que Sarajevo también fue protagonista en la Segunda Guerra Mundial) señalan que “no sé de qué se asombran en occidente de nuestras guerras. Nosotros tenemos una guerra cada treinta o cuarenta años, ya estamos acostumbrados”.

No te dejes atemorizar por ese sombrío humor eslavo, porque de todos modos si esa premisa agorera es cierta, Sarajevo permanecerá en paz hasta el 2020 ó el 2030. Y tener la oportunidad de visitar uno de los lugares étnicamente más ricos que existen en toda Europa es algo que no se hace todos los días. Ni todas las vacaciones.

www.sarajevo-tourism.com Página sobre turismo en la ciudad y alrededores. Incluye galería de imágenes y video (en el enlace de Must-see).

www.sarajevo.ba Página del Ayuntamiento de la ciudad. En inglés y en bosnio (o serbocroata si nos ponemos quisquillosos).

Preguntas Muy (o bastante) Frecuentes

-¿Por qué debería yo visitar Sarajevo?
Por la incomparable mezcla cultural -musical, gastronómica, artística- que la caracteriza. Por la oportunidad de aprender de primera mano de la historia reciente. Por las cuevas y montañas de alrededor. Y, sobre todo… ¿por qué no?

-¿Qué maneras hay de llegar?
Sarajevo está muy bien comunicada. Se puede llegar hasta ella por avión, bus (desde lugares tan lejanos como Berlín o París), coche propio e incluso tren (internacionalmente desde Budapest, Hungría, o Zagreb, Croacia). Si dispones de coche propio, te recomiendo, lelgandoa Trieste en Italia recorrer la costa croata de norte a sur, llegar hasta Dubrovnik, pasar por Mostar, llegar a Sarajevo y regresar a Italia via Bnja Luka-Zagreb-Ljubljana. Todo este camino está lleno de lugares que merecen la pena visitarse.

-¿Qué moneda usan en Bosnia?
Me alegra que me hagas esa pregunta, es muy interesante. Durante la guerra, Bosnia y Montenegro (independientemente) adoptaron el extinto marco alemán como moneda oficial. Cuando llegó el 1 de Enero del 2001, el marco alemán siguió el mismo camino que la peseta, y fue sustituido por el euro. Montenegro adoptó “extraoficialmente” el euro como moneda legal (aunque sin derecho a fabricarla). Bosnia, por contra, se quedó con un surrealista equivalente del marco alemán: el marco alemán convertible. ¡El marco alemán desapareció de Alemania, pero sigue en Bosnia! A efectos prácticos, no te preocupes: mi experiencia personal fue que el euro es bien recibido, y no tuve que pasar por una casa de cambio ni una sóla vez durante mi estancia en el país. Una curiosidad relacionada con esto -al menos cuando yo visité el lugar- y ejemplo claro de lo endeble de la unión bosnia (dividida a su vez en dos pequeñas repúblicas, la república serbobosnia y la endeble federación croato-musulmana) es el hecho de que tienen dos compañias de correos distintas, con sellos diferentes y que no valen más que para su propia zona… ¡aunque sea dentro del mismo país!

-¿Es seguro?
Bueno, repito un poco lo mismo que en mi entrada sobre Dubrovnik, Croacia. La guerra terminó hace más de diez años. La ciudad es segura y tranquila, no más peligrosa (ni menos) que cualquier capital europea. Bosnia es la frontera en todos los aspectos entre Oriente y Occidente dentro de Europa, pero si hay que darle una preeminencia, su carácter es más oriental que occidental. En condiciones de seguridad, es más parecida a Budapest o Zagreb que a Milán o Viena. Por otro lado, la aplastante mayoría de campos minados que quedan en el país están localizados y señalados. Eso nunca es dentro de las ciudades, que son completamente seguras en ese aspecto, si no en el campo. Hay que evitar abusar de caminar por tierras rurales que no conocemos o no sabemos que sean seguras, aunque insisto que la situación está bajo control en lo que a eso se refiere también. La (in)seguridad, como siempre, no es excusa. Sarajevo… ¿por qué no?

Visitar a Zeus es más fácil de lo que usted cree (y II)

(continuación de una entrada anterior)

Una vez tomadas las provisiones y precauciones debidas, inicié la ascención al Monte Olimpo. El comienzo de la caminata es en medio de bosques bastante tupidos, y es la parte más “frustrante” del camino. Las dos primeras horas son de constante subida y bajada, y bastante pronunciadas. Cuando uno sube una cuesta infernal y al llegar a lo alto se encuentra con una bajada de similares características, no es raro que blasfeme de diferentes maneras e incluso idiomas. La sensación de estar andando y desandando continuamente puede ser dealentadora. Lo agradable del paisaje, sin embargo, nos mantiene activos y optimistas: bosques tupidos y en los que el olor a madera lo inunda todo. El camino está perfectamente marcado y es prácticamente imposible desorientarse, y mucho menos perderse. Según van pasando las horas, el bosque tupido se va volviendo cada vez menos y menos tupido, pero igualmente hermoso. Cruzamos varios ríos y manantiales de agua potable, y después de una parada para almorzar y unas entre seis y ocho horas de caminata, según cada cual, llegamos al refugio B. Aunque estamos en pleno verano griego -y créanme, es un verano al que tener cierto respeto- a estas alturas (2.700m) el frío se puede dejar notar y agradecemos haber cargado con esa estúpida ropa de abrigo durante horas.

En este refugio hay alojamiento y se preparan comidas, y el ambiente es muy hogareño. Es, además, donde más posibilidades tendremos de conocer otros caminantes e intercambiar datos y consejos. Durante mi visita, las duchas eran frías y entonces aproveché la principal ventaja de viajar solo: no me duché a pesar de que olía peor que un tigre que hubiera corrido la maratón envuelto en un edredón nórdico y hubiera expirado al llegar a la meta. Ah, y llevara una semana muerto. Tras una noche de reconfortante descanso, bien temprano de pie, desayuno y a continuar el trecho final de la ascensión, ya nada comparado con lo del día anterior. Ligero de equipaje -puede dejarse en el refugio- y ansioso por la cercanía a la cima, ya es coser y cantar. El pico mayor de todo el monte se llama Mytikas y es el que tiene los 070107_zeus.jpg2.917m que vemos en los mapas. En menos de una hora, si la altura relativamente importante no nos tiene algo mareados, estamos al pie del único tramo en el que usaremos estas manos que Dios nos ha dado. Un pequeño esfuerzo aferrándonos a las rocas y llegamos a la morada de los dioses.

Les dije que allí vivía Zeus y que yo lo vi. ¿No me creen? No puedo asegurarles que a ustedes les vaya igual de bien en este encuentro mítico (nunca mejor dicho), pero lo cierto es que yo escalé esos metros finales, y arriba, además de una bandera griega y un libro de visitas (qué lindo detalle), estaba el rey del Olimpo helénico. Pelo blanquísimo como todos lo imaginamos, aunque más barbudo de lo que imaginaba, y menos hablador de lo que era de esperar, pero majestuoso como sólo puede serlo el creador de todo el universo. En tan solemne ocasión, me acerqué a él, le dio unos amistosos golpecitos en la cabeza y él me lamió la mano, sin duda reconociendo mi jerarquía olímpica. Poco después le tomé la foto que ilustra esta entrada.

El regreso fue casi rutina. Al llegar a Litohoro, tomé prestado un bolígrafo y escribí “Katerini” en una hoja de papel. Cuando me preguntaron que para qué escribía eso en un papel, el camarero que me lo había prestado se rió socarronamente y me dijo “Good luck!” como dando a entender que perdía el tiempo. Pero cinco minutos después, unos simpáticos griegos que habían ido allí a pasar el fin de semana, me acercaron a Katerini, donde la estación de trenes está terminada y tiene taquilleras. El viaje de regreso a Atenas, con la conciencia del deber cumplido, fue una larga, initerrumpida y placentera siesta.

Así fue mi encuentro con Zeus. No sé si habita allí todavía, o si es habitual encontrarlo en esas alturas. Pero yo que tú, por las dudas… no me perdía la experiencia.

http://es.wikipedia.org/wiki/Monte_Olimpo Como siempre, Wikipedia ilumina; en este caso, al luminoso Olimpo.

www.gnto.gr Página oficial de información turística griega. Muy completa, pero sólo en griego, inglés y francés.

Dieciséis segundos de vértigo desde lo alto del Mytikas, para los que no saben esperar…

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Preguntas Muy (o bastante) Frecuentes

-¿Tan fácil es subir esa montaña?
Bueno, no, quizá exagero algo. Es que yo soy muy optimismta. La caminata puede ser dura, son bastantes horas, pero excepto los últimos metros, sólo se trata de caminar: mucho y en subida, pero no se necesita equipamiento ni conocimientos de escalada. Y para ese último tramo, con un poco de habilidad y aceptable forma física, haremos cima. Eso sí, si sufres de vértigo, mejor no tentar a la suerte. Y todo esto hablando del verano, mejor entre mayo y octubre. En invierno la cosa se pone fea, y cerca del final, hay varias placas conmemorativas de montañeros que perdieron la vida en el intento.

-¿Hay que hacerlo todo del tirón?
No. Hay dos refugios, uno a 2.100m y otro a 2.700, con servicios parecidos. Los guardaparques de Litohoro te darán información al día. Dependiendo del tiempo de que dispongas y las ganas y fuerzas montañeras que te caractericen, puede bastar una sóla noche. Si no, tienes la posibilidad de hacerlo con más calma y emplear una noche extra. El lugar bien lo merece.

-¿Me estás diciendo que el título de las dos entradas dedicadas al Monte Olímpico se debe a que al llegar a la cima encontraste un perro callejero abandonado, y como era blanco y estabas en lo más alto de Grecia se te ocurrió que debía de llamarse Zeus?
Sí.

Visitar a Zeus es más fácil de lo que usted cree (I)

Mi breve paso por Grecia lo recuerdo con especial cariño. Más especialmente si cabe, la que fue mi última actividad en el país: la caminata a lo alto del Monte Olimpo, morada de los dioses. Lo cierto es que no es una de las visitas clásicas -nunca mejor dicho- que se realizan al país heleno, pero justamente por eso la hice, y por lo mismo fue que la disfruté tanto. Ya había tenido suficiente con las despampanantes islas del Egeo (en particular con la superpoblación turística de julio) y el ruidoso desorden tan característico del maravilloso modo de ser griego que despliega Atenas (desorden exacerbado por ser el mes antes de los juegos olímpicos, 050107_olimpomt.jpgy la semana siguiente a que el seleccionado nacional de fútbol se hiciera contra todo pronóstico con la Eurocopa 2004). Entonces me acerqué a una de las múltiples oficinas de información turística de la capital de EΛΛAΣ (Elás, que es como se dice Grecia en griego; qué insoportablemente sabelotodo me pongo a veces, ¿verdad?) y, como decía, le pregunté a la amable señorita que me atendió que dónde había montañas en Grecia, y que si era posible subirlas sin equipo de escalada. Ella me recomendó subir el Monte Olimpo, al noreste del país, camino de Tesalónica, que es una “escalada” sin ningún requerimiento técnico, excepto unos pequeños metros al final. Se puede hacer por entero caminando, y sólo en un ridículo -y fácil- tramo final tenemos que usar nuestras extremidades superiores.

Sin pensarlo, me acerqué a la estación de trenes y, tras un surrealista diálogo imposible con la taquillera, me hice con un billete para esa misma noche. La buena mujer me advirtió que mi billete no contaba con asiento, o sea que si no encontraba dónde sentarme era a mi cuenta y riesgo, puesto que no había butacas libres. ¡Qué importa un viaje de toda una noche sin dormir, si total al llegar por la mañana lo único que hay que hacer es vencer a pata un desnivel de casi 3.000 metros! Porque eso fue una de las cosas que más me gustó de esta caminata: que uno la empieza a nivel del mar, y la acaba a 2.917 metros de altitud. El que no considere eso como algo maravilloso es porque cayó a esta web de pura chiripa. Llegué a eso de las cinco de la madrugada a la estación en la que debía bajarme -Litohoro, aunque ese lugar está a varios kilómetros del tren- y no sé en qué estado estará ahora, pero en mi visita (hace dos años y medio) eran tres paredes y un semitecho, y nadie allí. Sobra decir que fui el único en bajarse en la “estación”, después de despedirme de la familia albanesa que me había cedido amablemente uno de sus asientos. Me puse a dormir allí mismo, abrazado a mi exigüo equipaje, y sobre las siete me despertó un ingeniero constructor que me preguntó que qué c… estaba haciendo yo allí, y me acercó amablemente hasta Litohoro, donde está la casa de guardaparques.

Los guardaparques me inscribieron en el libro de visitantes, por seguridad me preguntaron que cuándo pensaba volver, me dieron un mapita, y me indicaron que lo mejor era subir hasta el refugio, que está como al 80% del trayecto de subida, pasar allí la noche y seguir el pequeño trecho restante a la mañana siguiente. Me armé de agua mineral, de comida energética (barritas de cerales y frutos secos) y comencé la marcha, como Orfeo: sin mirar atrás (¿o era que el muy imbécil sí miró atrás…?).

Y si están impacientes por saber cómo fue la caminata, recabar más datos y conocer los detalles de mi mitológico encuentro -verídico- con Zeus, lo siento porque mi disciplina me impide hacer post demasiado largos: tendrán que esperar hasta mañana. Los enlaces y videos, también.

Preguntas Muy (o bastante) Frecuentes

-¿Por qué debería yo visitar el Monte Olimpo?
Por ser la montaña más alta de Grecia, y una de las más fáciles de escalar del mundo (en lo que se refiere a “techos de países”). Por ser una original ascención que comienza casi en la playa y antes del anochecer termina en una cumbre de un poquito menos de 3.000 metros, todo a pie. Por los paisajes del camino. Por otras cosas que les contaré mañana, entre ellas el albergue de montaña y el encuentro con Zeus (que sí, que no deliro… o al menos no más de lo normal).

-Háblanos del tren.
Sí, señorita Escarlata. El tren lo tomas en Atenas o en Tesalónica, dependiendo de dónde estés; en el largo tramo que las une está tu parada. El punto de partida para la caminata se llama Litohoro, pero comenté que eso está a varios kilómetros de donde te deja el tren. Por lo que sé del transporte local, tendrás que hacer autostop: una costumbre normal y segura en toda Grecia. Nunca olvides tu espírituo de aventura, si no… ¿para qué viajas entonces?

-¿Es esa excursión lo más destacable de Grecia? Suena a un fin de semana en La Pedriza.
No y no, respectivamente. No es lo más destacable y no es como un fin de semana en La Pedriza. Yo la verdad que no sé qué hago para merecerme estas preguntas tan bordes. Nadie me pregunta nunca que qué hago esta noche o si soy soltero (lo que tú digas preciosa y sí, respectivamente). Todo son preguntas agresivas a intimidatorias. Nunca una palabra amable, nunca una atención, un “¿Cómo está tu familia?”, o un “¿Qué hay de nuevo?”. Y yo me pregunto, ¿para esto dejé yo mi cómodo, agradecido y gratificante trabajo de árbitro de fútbol de tercera regional?