Yo sufro de Fernweh, ¿y usted?

Resulta que los alemanes tienen palabras para todo. Ejemplo: Fernweh.

¿Qué significa Fernweh? ¿Es grave? ¿Tiene cura? ¿Cómo me doy cuenta si la padezco?

Fernweh es un vocablo germánico que viene a funcionar como antónimo de morriña. Fern significa lejos, y weh, dolor. Pero el significado es el opuesto al que podemos deducir con estos datos. Al contrario que la morriña, que supone añoranza por el hogar, o la Patria, Fernweh es la tristeza causada por estar en el hogar, o en la Patria, es la tristeza de NO hallarse lejos, es el deseo de conocer lugares nuevos, el ansia de viajar por el mundo.

Fernweh es, en suma, la nostalgia de lo que no conocemos todavía.

Fue una amiga quien me habló de esta palabra por primera vez. Ella me contó que lo que más le gustaba de los viajes no eran los paisajes impresionantes, si no la sensación de estar lejos. En sus propias palabras: “Uno de mis momentos favoritos cuando viajo es la mañana, cuando te despiertas y miras por la ventana y todo, todo lo que ves es distinto, nuevo y desconocido, desde el color del cielo, hasta la misma forma de la ventana te indica que estás dentro de un mundo nuevo y que tienes todo un día por delante para dejarte llevar por él”.

Esto fue hace dos años y medio, y poco después empecé un viaje que todavía no ha terminado.

Desde entonces padezco de Fernweh. ¡Tengan cuidado! Es muy contagioso.

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Aunque la manera habitual de viajar de Sucre a Potosí -o viceversa- es en bus, gracias a los consejos de un amigo de Yotala (amigo que dirige el Teatro de los Andes) supe de una especie de tren que hace ese mismo recorrido. Digo ‘una especie de tren’ porque no es un tren-tren. Por lo pronto, los trenes tienen locomotora y vagones. La línea férrea que va de Sucre a Potosí es transitada por un tren que:

a) No tiene locomotora.
b) Sólo lleva un vagón.

Por esto, los lugareños lo llaman muy acertadamente ferro-bus. En mi opinión es el sustituto ideal del famoso Tren de las Nubes argentino, que por cuestiones de logística y economía no pude hacer. Sucre se encuentra a una altura de 2.900m s.n.m., y si eso les parece poco, el viaje es en una casi constante subida que acaba en los 4.080m sobre120307_ferrobus1.jpg los que corona Potosí. Muy pocos turistas utilizan este medio de transporte, que no hace el recorrido todos los días y se supone que es apreciablemente más lento e incómodo que el bus. Sin embargo, yo recuerdo esas cuatro horas como una de las más asombrosamente bellas y memorables experiencias que tuve en Bolivia, que fueron muchas.

Tuve la suerte de viajar en el asiento delantero, junto al conductor, observando el árido e impresionante paisaje que se abría a mis pies (a veces a muchos metros bajo mis pies, barranco abajo). El ferro-bus cuenta con palanca de cambios, y su aspecto interior es exactamente el de un bus. El conductor, para seguir con las analogías, llevaba varios amuletos y adornos colgados del retrovisor y, como buen boliviano, en su radio llevaba un CD de música romántica latinoamericana para amenizar el viaje. En este caso, se trataba del argentino Leo Dan.

El tren es utilizado mayoritariamente por campesinos cuyas viviendas se encuentran apartadas de las carreteras y caminos que transitan habitualmente camiones y buses, los dos transportes terrestres más comunes en el país andino, junto con, por supuesto, el tren. Es normal y descorazonador ver cómo muchos usuarios piden bajarse en cualquier momento, aparentemente en mitad de la nada, y emprenden la marcha hacia su casa o campo, perdido más allá del alcance de la vista. Los paisajes quitan el hipo y hasta el120307_ferrobus2.jpg aire de nuestros pulmones. ¿Los paisajes? Bueno, no sólo los paisajes: a estas alturas un mareo por la altura a la que nos encontramos es de lo más normal. Para combatir el soroche, mucha agua y alimentos con azúcar, fundamentalmente chocolate. ¡O mascar hoja de coca, por supuesto! Los primeros pasos en Potosí pueden ser duros, sobre todo si llevamos una mochila a cuestas. Eso sí, la estancia en Sucre nos sirvió para irnos aclimatando a las alturas del altiplano boliviano. No en vano, Sucre se halla a una elevación similar a la de los picos más altos de Grecia (Olimpo), y Andorra, por ejemplo.

Tanto Sucre como Potosí son lugares hermosos, visitas obligadas dentro del país que tomó su nombre del Libertador Simón Bolívar. ¿Y qué mejor manera de ir de un lugar único a otro lugar único, de una manera única? ¡No se lo pueden perder!

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Antes de entrar a Colombia desde Ecuador, mi buen amigo Yuval me había comentado “y en la frontera no dejes de visitar el cementerio de Tulcán”, situado en la provincia de Carchi. Yo me pregunté para mis adentros que a qué tanto interés en un cementerio, pero callé mi curiosidad y decidí seguir la regla de “si alguien de cuyos gustos me fío me recomienda un lugar, voy y punto. Sin rechistar”. De modo que antes de cruzar la frontera me acerqué al cementerio, sin saber qué me encontraría allí. ¿Lápidas escritas en quichua? ¿Nichos ordenados alfabéticamente? ¿Adornos florales de estilo hawaiano? Lo cierto es que fui con la cámara y sin saber qué esperarme.100307_tulcan2.jpg

Lo que me encontré me dejó boquiabierto: esculturas modeladas sobre “pino ciprés” representando tortugas, pájaros, deidades precolombianas y egipcias, elementos indescriptibles, y todos ellos exquisitamente podados y cuidados. El cementerio es toda una atracción turística y yo no era el único cargado con mi cámara que se lanzó a tomar fotos cual gallina sin cabeza, ante lo extremadamente curioso y bello del lugar. La diferencia es que yo no me subía a las lápidas para encontrar la mejor toma (escrupuloso que es uno).

A quienes estén cruzando la frontera colomboecuatoriana -dichosos aquellos días en que eran una única nación- ya sea de100307_tulcan1.jpg sur a norte o viceversa, recalcarles que merece la pena visitar este camposanto, considerado uno de los cementerios más visitados del mundo (no “el más visitado” como afirman en este por lo demás interesante reportaje; a bote pronto se me ocurre que, por ejemplo, el de Highgate en Londres tiene muchas más visitas).

Tulcán dispone de alojamientos, restaurantes y la misma consideración con los muertos que con los vivos, de modo que si pasan por esta frontera, no se pierdan esta morbosa pero inolvidable visita.

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Otra de las visitas imperdibles que recuerdo en el sur francés fue la pequeña ciudad de Arles, otra joya provenzal. A riesgo de resultar repetitivo, prácticamente todas las localidades de esta región gala son hermosas y es difícil decidirse por una u otra a la hora de visitarlas. En este blog ya les he hablado de Moustiers-sainte-marie y de L’Isle sur la Sorgue, y no son los únicos lugares que regala el sur de Francia, tan cómodo de visitar si se dispone de vehículo propio. Arles tiene, además de su belleza en-sí-misma, dos atracciones principales. Bueno, en realidad, una atracción principal y una secudnaria.

La secundaria consiste en una serie de ruinas romanas, como el teatro y el anfiteatro, además de unas termas. El anfiteatro es actualmente utilizado para las corridas de toros. Son unas ruinas bastante bien conservadas, pero tampoco espectaculares, y la visita a Arles no se hace obligatoria por esto.

La visita a Arles se hace obligatoria por la simple pero brillante idea que tuvieron los arlesianos, consistente en sacar partido de la estancia de Vincent van Gogh en la ciudad francesa. El brillante pintor holandés llegó a Arles en 1888, y fascinado con la belleza del lugar, dio rienda suelta a su prolífica ceatividad y fue aquí que pintó algunas de sus obras más famosas, como Terraza del café de Noche, La habitación de Vincent en Arles, El Puente de Langlois y otras. Para los amantes del morbo barato, también fue en Arles donde su locura se acentuó -algo que misteriosamente me ocultaron en la oficina de turismo del lugar, sin duda para que yo no temiera sufrir idéntica suerte- locura que lo080307_arles.jpg empujó a cometer allí mismo su autolesión orejil, de la que un grupo donostiarra sabe mucho. Un año después de llegar a la ciudad, fue internado en un manicomnio en la vecina Saint-Rémy.

La brillante idea turística consiste en colocar reproducciones de sus cuadros en los lugares estratégicos donde se supone que el gran artista situó su caballete. Reproducciones al aire libre, sobre un hito de cemento, la mejor excusa para seguir un recorrido por las atractivas calles del lugar, sin perder detalle. En la foto se observa la reproducción de Terraza del café de Noche, con el café original al fondo (aunque algo tapado por el envidioso café vecino y sus ostentosas sombrillas rojas).

Arles es una ciudad lo suficientemente turística como para contar con todo tipo de servicios, desde restaurantes hasta alojamientos de -sin olvidar que estamos en la Eurozona- variadas categorías. Un pequeño y mágico lugar, cerca de otros pequeños y mágicos lugares, como son todos los que contiene la Provenza francesa. ¡No se lo pierdan!

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En el llamado “Eje cafetero”, Colombia, se encuentra uno de los mejores paseos del país. El lugar a visitar se llama Salento, y está a una pequeña distancia de Armenia. Sí, los nombres pueden confundir (Salento suena a Salerno, Italia, y Armenia nos suena a república ex-soviética), pero seguimos en Sudamérica. Dos características principales identifican el lugar:

a) Sus palmeras de altura excesiva, sobrada, casi arrogante (hasta 60 -sesenta- metros de altura, el equivalente a un bloque de apartamentos de 20-25 pisos).

b) Sus plantaciones de café, en una de las zonas más cafeteras del país más cafetero por excelencia.

Salento (que forma parte del departamento del Quindío) es un pueblito tranquilo, con una bella Plaza, rodeado de verdes montañas y con un clima apacible. Se llega hasta allí desde la más populosa (dentro del contexto)060307_salento.jpg Armenia, que está a medio camino de la capital Bogotá y de la rumbera Cali. Las dos principales atracciones de lugar son accesibles a pie, sobre todo la visita a una plantación cafetera, donde los trabajadores del lugar te harán un recorrido, podrás probar algo del café elaborado allí mismo -de manera tradicional y ecológica- a cambio de una entrada casi simbóica. Un paseo muy lindo, para una mañana o una tarde.

Más trabajosa es la caminata entre las descomunales palmeras -conocidas como palmas de cera- dentro del Valle del Cocora, pero por más trabajosa, también mucho más bella. Aunque recomiendan hacer una buena parte del paseo en jeep, que te acerca desde Salento hasta la entrada del valle, yo fui bruto e hice ese trecho a pie. Eso me añadió dos horas de caminata, por lo demás no muy espectaculares. Recomiendo por tanto la opción del jeep, aunque suponga un madrugón y, al no ser una línea regular, uno pueda encontrarse con que esa mañana no hay jeep, o pasó más temprano, o pasará más tarde. La caminata entre las palmeras, envueltas en un misterioso “bosque de nubes”, que le dan un aspecto surrealista, equivalente a mezclar el clima de Londres con la flora de una isla caribeña, es uno de los imperdibles del país.

La primera foto puede resultar engañosa, al no haber una referencia que nos haga exclamar “Oh Dios mío, oh Dios mío, pero qué palmerotas tan grandes”. No se preocupen, que con mi espíritu de redactor de revista de OVNIS o de publicista de pasquín sensacionalista, me encargué de hacer un recuadro bien cutre, resaltando la vaca que pasta060307_salento2.jpg plácidamente junto a una palmera relativamente modesta (obsérvese la que está a su derecha para comparar), que a pesar de no ser de las más altas del lugar deja al simpático rumiante como a un perro faldero junto al Empire State.

En Salento hay varios alojamientos económicos. Mi experiencia personal fue en Plantation House, que sin ser memorable fue satisfactoria y la recomiendo sin dudar. Habitaciones privadas o compartidas, cocina y área común, café en vena gratis, dueños simpáticos y buena fuente de información sobre la zona… Aunque la web está en inglés -qué sorpresa- los trabajadores de la posada son mayoritariamente colombianos (de hecho, la posada la lleva un matrimonio anglo-colombiano… él inglés, ella colombiana).

¡No se pierdan esta visita a uno de los lugares más bellos de uno de los países más bellos de Sudamérica: Colombia!

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