Si hay un lugar en el mundo que se preste a los deportes de aventura en un ambiente familiar, ése es La Jungla. Se encuentra en Villa Tunari, a unos 160 kilómetros de Cochabamba, Bolivia (unas tres-cuatro horas en bus, lo que es ya de por sí una aventura). En mitad de la selva, un montón de caminos de madera, escaleras, casas en árboles, un río en el que bañarse y, lo mejor de todo, varios saltos con cuerda, desde plataformas situadas en lo alto de árboles inmensos. Los bolivianos del área acuden con toda la familia los fines de semana. Los saltos varían desde los tres hasta los dieciocho metros. Lo mejor es ir poco a poco: el de tres, impresiona bastante, pero uno todavía va sobrado. El de seis, que se hace en tándem, te hace gritar hasta quedar afónico. Gritar de a dos, además, es más divertido. El de doce te hace gritar más fuerte aún, cuando creías que tu afonía era ya definitiva. Pero es imprescindible para prepararte para el salto final (lo de final no es literal): dieciocho metros aferrado a una cuerda. No consigues gritar hasta que llegas abajo (lo de llegar abajo tampoco es literal) y te balanceas durante varios minutos recuperando la respiración y lo que te quede de dignidad. Este parque de diversiones, que visité con mi amiga Limor, lo recuerdo como uno de mis momentos más divertidos en Bolivia, que fueron muchos. ¡No se lo pueden perder!
Y no se lo pueden perder porque en Villa Tunari (realmente La Jungla está en Chipiriri, ocho kilómetros fuera de la ciudad), además, hay mucho que ver. Primero, el Parque Ecoturístico Machía, que nos permite caminar por la selva y observar la fauna del Chapare boliviano. Los monos, por sobre todo, abundan en la zona. Un lugar ideal para practicar el senderismo. Segundo, la Comunidad Inti Wara Yassi. Allí se cuidan animales maltratados, de los cuales algunos permanecen en el refugio y otros son devueltos a su hábitat natural. ¿Perros? ¿Gatos? No, amable lector, estamos en la selva boliviana: estamos hablando de pumas, monos, ocelotes, papagayos… ¿Pero sabes qué es lo mejor del caso? Que esta comunidad se sustenta con el trabajo de jóvenes voluntarios de todo el mundo. Tú puedes ser uno de ellos, y cuidar de un puma durante mínimo dos semanas. Es una experiencia inolvidable. Si no dispones de tanto tiempo ni de suficiente ropa resistente a arañazos, simplemente puedes visitar la comunidad.
Hoteles, hostales, restaurantes y posadas se reparten por toda la pequeña ciudad, el ambiente es muy propicio para conocer gente de todo el mundo, y si decides ejercer de voluntario, el precio por el alojamiento es simplemente ridículo. Según la temporada, puede hacer mucho calor y/o llover a raudales. Tenlo en cuenta a la hora de considerar la ropa (cuanto más rastrosa mejor) y lleva protección contra sol, lluvia y mosquitos.
Villa Tunari es uno de los lugares más populares del turismo internacional que visita Bolivia, y los motivos son más que evidentes. ¿Te lo vas a perder?
Veo que no, que te he convencido. Así me gusta. Como premio, a continuación dispones de algunos enlaces para que averigí¼es más:
www.intiwarayassi.org La página oficial del parque para animales voluntarios. ¿O era voluntarios animales? Mejor que lo descubras por ti mismo.
www.la-razon.com/Versiones/20060205_005443/nota_277_245164.htm Artículo sobre La Jungla en una publicación digital boliviana.
www.bolivianet.com/chapare/index.html Información sobre Villa Tunari y la región del Chapare.
Si eres de los que creen que «una imagen vale más que mil palabras» (sin rencor, pero la gente como tú va a dejarme sin trabajo y me sustituirá un maldito diseñador gráfico), aquí van unos pocos videos para hacerse una idea. El primero presenta un modesto salto en La Jungla, el segundo demuestra que aquello de «la confianza da asco» también se aplica a los primates, y el tercero es prueba de lo juguetones que son los gatos de todo tamaño. Dos de ellos están en hebreo, si tienes curiosidad por entender lo que dicen, bienvenido a mi ignorancia:
Preguntas Muy (o bastante) Frecuentes
– ¿Por qué debería yo visitar Villa Tunari?
Por su salvaje exhuberancia. Por la posibilidad de hacer amigos de todo el mundo. Por las caminatas selváticas. Porque puedes jugar con pumas y otras bestias salvajes, y contarlo. Porque puedes saltar desde árboles de casi veinte metros, y contarlo. Porque podrás contarlo.
– ¿Pagan algo a los voluntarios?
No. La RAE dice que voluntario es «Que nace de la voluntad, y no por fuerza o necesidad extrañas a aquella«. Y este trabajo es voluntario. Así que ya sabes, si no te pagan nada por jugar con un puma, y cuidarlo, es culpa de la RAE. De todos modos, visita la página oficial de la comunidad, www.intiwarayassi.org, y resuelve allí toda duda que puedas tener al respecto. Yo no sé tú, pero dado el caso, yo casi que pagaría por tener un animal salvaje como mascota durante un par de semanas.
– ¿Cómo llego hasta Villa Tunari?
Fácil. Hay buses desde Cochabamba (CBBA lo abrevian los bolivianos) y desde Santa Cruz. El transporte en Bolivia es muy frecuente y se puede llegar casi a cualquier parte. El camino ya de por sí merece la pena. ¡No te quedes dormido como yo! Me dormí a la ida. A la vuelta por suerte Limor me mantuvo despierto, compartiendo conmigo la música israelí que llevaba en su MP3, mientras mirábamos por la ventana.
– No he podido hacer testamento porque estaba muy ocupado preparando la mochila. ¿Es sensato saltar atado a una cuerda que cuelga de un árbol gigantesco situado a miles de kilómetros de distancia de mi hogar y mi compañía de seguros?
Sí. Mírame a mí, que lo hice y estoy sano y feliz. Y para que lo sepas, tu agente de seguros se pega unas vacaciones gloriosas con el dinero que le das cada mes, o sea que yo que tú no me quedaba con las ganas de nada, que para eso se viaja.