Mi breve paso por Grecia lo recuerdo con especial cariño. Más especialmente si cabe, la que fue mi última actividad en el país: la caminata a lo alto del Monte Olimpo, morada de los dioses. Lo cierto es que no es una de las visitas clásicas -nunca mejor dicho- que se realizan al país heleno, pero justamente por eso la hice, y por lo mismo fue que la disfruté tanto. Ya había tenido suficiente con las despampanantes islas del Egeo (en particular con la superpoblación turística de julio) y el ruidoso desorden tan característico del maravilloso modo de ser griego que despliega Atenas (desorden exacerbado por ser el mes antes de los juegos olímpicos,
Sin pensarlo, me acerqué a la estación de trenes y, tras un surrealista diálogo imposible con la taquillera, me hice con un billete para esa misma noche. La buena mujer me advirtió que mi billete no contaba con asiento, o sea que si no encontraba dónde sentarme era a mi cuenta y riesgo, puesto que no había butacas libres. ¡Qué importa un viaje de toda una noche sin dormir, si total al llegar por la mañana lo único que hay que hacer es vencer a pata un desnivel de casi 3.000 metros! Porque eso fue una de las cosas que más me gustó de esta caminata: que uno la empieza a nivel del mar, y la acaba a 2.917 metros de altitud. El que no considere eso como algo maravilloso es porque cayó a esta web de pura chiripa. Llegué a eso de las cinco de la madrugada a la estación en la que debía bajarme -Litohoro, aunque ese lugar está a varios kilómetros del tren- y no sé en qué estado estará ahora, pero en mi visita (hace dos años y medio) eran tres paredes y un semitecho, y nadie allí. Sobra decir que fui el único en bajarse en la «estación», después de despedirme de la familia albanesa que me había cedido amablemente uno de sus asientos. Me puse a dormir allí mismo, abrazado a mi exiguo equipaje, y sobre las siete me despertó un ingeniero constructor que me preguntó que qué c… estaba haciendo yo allí, y me acercó amablemente hasta Litohoro, donde está la casa de guardaparques.
Los guardaparques me inscribieron en el libro de visitantes, por seguridad me preguntaron que cuándo pensaba volver, me dieron un mapita, y me indicaron que lo mejor era subir hasta el refugio, que está como al 80% del trayecto de subida, pasar allí la noche y seguir el pequeño trecho restante a la mañana siguiente. Me armé de agua mineral, de comida energética (barritas de cerales y frutos secos) y comencé la marcha, como Orfeo: sin mirar atrás (¿o era que el muy imbécil sí miró atrás…?).
Y si están impacientes por saber cómo fue la caminata, recabar más datos y conocer los detalles de mi mitológico encuentro -verídico- con Zeus, lo siento porque mi disciplina me impide hacer post demasiado largos: tendrán que esperar hasta mañana. Los enlaces y videos, también.
Preguntas Muy (o bastante) Frecuentes
-¿Por qué debería yo visitar el Monte Olimpo?
Por ser la montaña más alta de Grecia, y una de las más fáciles de escalar del mundo (en lo que se refiere a «techos de países»). Por ser una original ascención que comienza casi en la playa y antes del anochecer termina en una cumbre de un poquito menos de 3.000 metros, todo a pie. Por los paisajes del camino. Por otras cosas que les contaré mañana, entre ellas el albergue de montaña y el encuentro con Zeus (que sí, que no deliro… o al menos no más de lo normal).
-Háblanos del tren.
Sí, señorita Escarlata. El tren lo tomas en Atenas o en Tesalónica, dependiendo de dónde estés; en el largo tramo que las une está tu parada. El punto de partida para la caminata se llama Litohoro, pero comenté que eso está a varios kilómetros de donde te deja el tren. Por lo que sé del transporte local, tendrás que hacer autostop: una costumbre normal y segura en toda Grecia. Nunca olvides tu espírituo de aventura, si no… ¿para qué viajas entonces?
-¿Es esa excursión lo más destacable de Grecia? Suena a un fin de semana en La Pedriza.
No y no, respectivamente. No es lo más destacable y no es como un fin de semana en La Pedriza. Yo la verdad que no sé qué hago para merecerme estas preguntas tan bordes. Nadie me pregunta nunca que qué hago esta noche o si soy soltero (lo que tú digas preciosa y sí, respectivamente). Todo son preguntas agresivas a intimidatorias. Nunca una palabra amable, nunca una atención, un «¿Cómo está tu familia?», o un «¿Qué hay de nuevo?». Y yo me pregunto, ¿para esto dejé yo mi cómodo, agradecido y gratificante trabajo de árbitro de fútbol de tercera regional?
continua aquí: Visitar a Zeus es más fácil de lo que usted cree (II)