Al norte de Chile, muy cerca de la frontera con Bolivia (tan cerca, que hubo un tiempo en que era de hecho territorio boliviano) se encuentra el desierto más seco del mundo: el Desierto de Atacama. Hay zonas de este desierto donde nunca se ha registrado lluvia;
No voy a proponer que duermas, comas o bebas en un desierto, no hay por qué ponerse nervioso. El mejor lugar para conocer esta maravilla de Chile es un pueblito llamado San Pedro de Atacama. Es un lugar pequeñito, con casas de barro seco, aspecto indígena y total y completamente habituado al turismo. Hay restaurantes y alojamientos de sobra, aunque en verano (noviembre-febrero) puede haber cierta dificultad por hacerse con un lugar («cierta dificultad» es encontrar una habitación en el tercer o cuarto lugar en que se pregunta). Se organizan excursiones a los lugares de interés, hay teléfono e Internet. Pero a la vez hay dos curiosidades que hacen que uno se sienta confortablemente aislado: no hay banco (aunque hay un banco que aparece intermitentemente en forma de camión-cajero por la ciudad, llévate dinero contante y sonante contigo de todos modos) y la frecuencia de buses no es diaria a todos los destinos.
Las compañías de turismo local ofrecen una gran variedad de tours por la zona. La más clásica es la que lleva al Salar de Atacama, el tercer salar más grande del mundo, 300.000 hectáreas de suelo salino. Esta formación geológica siempre tiene como explicación un lago subterráneo que se «desala», creando por encima una capa de sal bastante o muy consistente según la zona. En gran parte de ella, puede caminarse por encima de la gruesa capa salina, como quien camina por la superficie de un lago congelado. La foto -que por razones técnicas no cumple mi política de que no aparezcan guiris en las mismas, en este caso yo- así lo atestigua. Un paisaje y un paseo inolvidable. Otra de las excursiones típicas incluye una madrugadora visita a los géiseres de la zona, que escupen vapor a altas temperaturas. El mejor momento para visitar estos fenómenos geológicos es bien temprano, o sea que concientízate a que tendrás que levantarte tipo 5 de la madrugada, para subirte a la 4×4 y emprender camino hasta el lugar. ¡Cuidado con los géiseres, que ha habido heridos graves y hasta muertos por acercarse demasiado! Escucha las recomendaciones de tu guía, porque sinceramente se me ocurren pocas maneras más ridículas de morir que ésa (exceptuando aquella del vibrador y el cortocircuito).
San Pedro cuenta además con un museo arqueológico que alberga a Miss Chile, hermosa mujer cuyos tiempos de gloria ya pasaron. Finalmente, por los alrededores hay muchas posibilidades de conocer otras maravillas en bicicleta. Las minas abandonadas, el Valle de la Luna, el Pukará de Quitor, la Quebrada del Diablo, el Valle de la Muerte, la Cueva del Diablo… pero de cómo hacer todo esto (lo que he comentado hoy se hace en cómodos -aunque proporcionalmente no económicos- tours organizados) les contaré en otra entrada. Subido a una bicicleta es que tengo los mejores recuerdos de mi visita a San Pedro de Atacama y no, pervertidos y mal pensados, la bicicleta sí llevaba sillín, o sea que dejen sus chistes retorcidos y de mal gusto para otra ocasión. Mañana les sigo contando.