«Lo esencial es invisible a los ojos». Antoine de Saint-Exúpery, El Principito.
Siendo este un portal de viajes, muchos visitantes podrían pensar «pero qué pocas fotos… ¡apenas tiene!». Es cierto que esto no es una galería audiovisual, pero todas las entradas tienen por lo menos una muestra gráfica, y en muchas ocasiones videos. Pero… ¿por qué no más? ¿Por qué no hacer como esos portales turísticos que tienen dos líneas de texto, diez enlaces a hoteles de precios elevados, y quinientas mil fotos? Tengo una teoría muy particular respecto a las fotos, y en parte no es mía.
Un amigo de mi infancia en Argentina, una vez visitó Europa, donde viajó por unos cuantos meses. A mí me sorprendió que no llevara cámara de fotos consigo. Supuse que pensaba comprar una descartable, pero no. Mi amigo, Ismael, sostenía que no quería llevar cámara consigo porque no quería perderse ningún momento por sacar fotos. Porque los viajes, y la vida, consisten en momentos que se viven. A veces nos obsesionamos con «llevarnos» un recuerdo, en lugar de vivirlo. Estuve frente al Glaciar Perito
Con esto no quiero decir que no haya que usar cámara, yo la uso bastante, he tomado miles de fotos en mis viajes, y de algunas estoy muy feliz y orgulloso. Pero siempre antepongo el momento vivido al instante captado. Vive el momento antes de captar el instante. Por otro lado, y esta segunda teoría sí es totalmente mía (aunque seguro que no soy el único que piensa así), no me gusta ver fotos de los lugares que voy a visitar. Hago todo lo posible por no hacerlo, si están expuestas en la calle -algo habitual en lugares turísticos- agacho la cabeza. Antes de elegir un destino, hablo con las personas que ya han ido (y cuyos gustos parezcan ser respetables), les pregunto si merece la pena o no, y si hacen amago de sacar su cámara digital para mostrarme las fotos que tomaron en ese paraíso, les cortó con una sonrisa y un amable pero firme «No, gracias. Te creo, no necesito ver fotos del lugar. Iré». Lo mismo hago con agencias de viajes. Más de una vez, cuando van a sacar su cuaderno de instantáneas, para decirme «verás este paisaje, entrarás en esta cueva, te bañarás en este lago», los detengo y les digo lo mismo: «Si me aseguras que el lugar es hermoso, no necesito ver las fotos. Te creo. Prefiero que mis ojos lo descubran en directo, y no en papel».
Algunos pensarán que estoy loco, pero este sistema me ha deparado experiencias inolvidables. Visitar el inmenso salto Fumaí§a, en la Chapada Diamantina de Brasil, o la Ciudad Perdida de los Tayrona en Colombia, o la Laguna de los Cóndores en el norte de Perú, la cima de Roraima en Venezuela, y hacerlo sin ninguna idea preconcebida, sin ninguna espectativa gráfica, simplemente confiando en que algo maravilloso me espera allí, multiplicó el efecto deslumbrante de mis vistas a esos y tantos otros lugares. Sé que hay quienes simplemente no pueden evitarlo, es casi algo físico: necesitan ver mil y unas fotos del lugar al que están decidiendo si ir o no, para convercerse de que merece la pena.
Mi experiencia personal me dice que para vivir y aprender, hay que descubrir las cosas por uno mismo. Por eso, en Guiadeltrotamundos, encontrarás más momentos vividos que instantes captados.