Texto y foto: Carlos Casale.
Bolonia (Baelo Claudia) era una factoría de pesca romana, allí, en grandes vasijas al aire libre preparaban el Garum, una especie de paté de vísceras de pescados; atún, morena, entre otros que -al parecer- volvía locos a los romanos de las capitales..-lo creían afrodisíaco -siempre pensando en lo mismo.
En Baelo Claudia, con permiso del viento de levante, caminamos por su Cardus maximus, de sur a norte, imaginando la febril actividad que allí se desarrollarían los vestigios del mercado, en un entorno tan sugerente, nos mostraban a sus habitantes en febril shopping un día de teatro, perfumados por el bronco aroma del Garum que se maceraba en la fábrica que aún perdura en la playa. Nada que envidiar a capitales tan lejanas como Lutecia o Roma que deberían conformarse con las conservas de lo que allí se cocinaba en vivo, en directo.
Esto fue hace años nuestro encuentro con Bolonia- el viento de Levante nos echó, pero todo quedó archivado en nuestra memoria RAM.
Ahorita, según dicen los locales, en septiembre pasado, estando en Caracas, capital de la República Bolivariana de Venezuela, amigos nos recomendaron visitar la llamada playa de Caracas: Choroní, a hora y media de la capital. Un cachetazo de nuevos olores, colores, sonidos, para europeítos como nosotros: un cachetazo de sensaciones…
Choroní nos sorprenden sus mercatores asentados en la principal vía y único camino que une el pueblo, Puerto Colombia y su hermosa Playa Grande en el camino, metro a metro se alzan pequeños y unifamiliares negocios de comidas, bronceadores, zumos, pareos, hielo, ojotas (chanclas), cervezas y todo lo que usted haya imaginado que puede o debe adquirir camino a una playa.
Volveremos con ustedes a Choroní, hoy solo recordamos sus mercatores, por aquello de las asociaciones libres de personas que viajan, unos de los mayores placeres del trotamundos.
Ahora, a comienzos del 2007, de paso por París (Lutecia); vagabundeando hasta que después de 7 horas de caminata- las contracturas comienzan a emitir preaviso del fin cercano, pero aun así seguimos llenándonos con Le Marais (3º et 4º arrondissamentes metro St. Paul como punto de partida) Las Marismas para los españoles.., merecen hasta 14 horas diarias de vagabundeos, 14 semanas, 14 años…
Me sorprendo al constatar que estoy detenido en la Rue de Rivoli, frente mismo a la antigua vía romana trazada en dirección este (hoy rue Saint-Antoine y Francois Miron), a mi derecha el Hotel de la Ville (ayuntamiento), a mi izquierda La Bastille, en definitiva en el corazón mismo de una de las ciudades mas hermosas del planeta y ¡cágate lorito!, en tanto espero a mi chica que me abandonó temporalmente, un camión “pintado de diseño- aparca frente a mí, en la principal Rue Rivoli y de él, operarios comienzan a bajar y armar un chiringuito… un chiringuito de hierro y lonas “de diseño- en la misma esquina de la RUE RIVOLI y ¡¡recágate lorito!!: bajan también grandes bandejas de comida humeante de diseño- para vender “en la calle- como en Choroní, coñe, como en Bolonia; mercatores del Planeta Azul.
Conmocionado, veo que los franceses de impecable uniforme de diseño- que atendían el chiringuito se esfumaban y eran reemplazados por romanos en sandalias, que voceaban -en latín popular- la novedad del Garum recién recibido de la lejana y exótica Hispania… (las filas de atildados franceses que educádamente esperaban su turno se transformó a su vez en hilera de esclavos que alborotádamente esperaban adquirir el Garum, para sus señoritos patricios claro, ellos con olerlo tan solo, se debían dar por bien pagados).
Mi compañera de regreso, con el tabaco recién adquirido en la mano, al ver mi palidez (al percibir mi conmoción/al percibir mi desconcierto) me pregunta asombrada ¿te pasa algo?… no, no, la tranquilizo.