Guía del trotamundos

El pueblo de los molinos de agua

El pueblo de los molinos de agua 2

En mi visita provenzal al sur de Francia, además de mi pueblo favorito de toda la historia del mundo mundial, Moustiers-Sainte-Marie, pasé brevemente por L’Isle sur la Sorgue. No me atrevo a enseñarles cómo pronunciarlo: limí­tenese a hacer el ridí­culo como hice yo. Este bucoliquí­simo lugar, en el que sólo pasé una tarde, fue motivo de inspiración para mi cámara, de la que abusé todo lo que pude y más. Visité este pueblito, situado a 25 kilómteros de Avignon, instigado por la oficina de turismo de Aix-en-Provence, que me lo recomendó, sin tanto entusiasmo, no crean. Y resultó ser una visita encantadora.El pueblo de los molinos de agua - 180207_lisle

Es tan bonito y cuidado como cualquier localidad de esta zona de Francia. Su particularidad, su seña de identidad si quieren, son sus molinos. Por suerte para el Quijote, son molinos de agua y no de viento, porque los hay por decenas. Sirvieron como motor de manufacturas en el siglo XIX y algunos de ellos continúan funcionando hoy dí­a, aunque más bien para el deleite del turista. Enmohecí­dos y de un atractivo altamente fotogénico, son de una belleza exquisita como sólo puede verse en Francia. El pueblito vive de las pesca en sus muy bien surtidos y cercanos rí­os, y del turismo. Dependiendo de las inquietudes de cada visitante, puede ser un buen destino para una tarde, un fin de semana, o una estancia mayor, como base para conocer los otros atractivos de esta hermosa región francesa. Además de pasear, tomar fotos ‘de postal’, relajarse tomando un café (eso sí­, a precio francés), olvidarse del mundanal ruido, si nos sobra el dinero (y nos sobra mucho) podemos sorprender a nuestro diletante tí­o con un precioso mueble o laúd del siglo antepasado: L’Isle sur la Sorgue es uno de los mercados de antigí¼edades más famosos del paí­s.

Y no se crean que todo es para milmillonarios. Yo recorrí­ esta parte del paí­s en mi coche de rancio abolengo (doce años en la carretera) y segunda mano. Y puedo decir con orgullo, que el único dinero que me gasté en visitar este lugar, fue el de la gasolina que consumió mi rocinante desde Aix-en-Provence, donde dormí­a y comí­a a precio mochilero, hasta L’Isle sur Sorgue, donde durante un breve lapso tuve la sensación de ser un turista privilegiado y con presupuesto de magnate. Ustedes pueden hacer lo mismo… ¡no se lo pierdan!

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