Guía del trotamundos

El pueblo de los molinos de agua

En mi visita provenzal al sur de Francia, además de mi pueblo favorito de toda la historia del mundo mundial, Moustiers-Sainte-Marie, pasé brevemente por L’Isle sur la Sorgue. No me atrevo a enseñarles cómo pronunciarlo: limí­tenese a hacer el ridí­culo como hice yo. Este bucoliquí­simo lugar, en el que sólo pasé una tarde, fue motivo de inspiración para mi cámara, de la que abusé todo lo que pude y más. Visité este pueblito, situado a 25 kilómteros de Avignon, instigado por la oficina de turismo de Aix-en-Provence, que me lo recomendó, sin tanto entusiasmo, no crean. Y resultó ser una visita encantadora.

Es tan bonito y cuidado como cualquier localidad de esta zona de Francia. Su particularidad, su seña de identidad si quieren, son sus molinos. Por suerte para el Quijote, son molinos de agua y no de viento, porque los hay por decenas. Sirvieron como motor de manufacturas en el siglo XIX y algunos de ellos continúan funcionando hoy dí­a, aunque más bien para el deleite del turista. Enmohecí­dos y de un atractivo altamente fotogénico, son de una belleza exquisita como sólo puede verse en Francia. El pueblito vive de las pesca en sus muy bien surtidos y cercanos rí­os, y del turismo. Dependiendo de las inquietudes de cada visitante, puede ser un buen destino para una tarde, un fin de semana, o una estancia mayor, como base para conocer los otros atractivos de esta hermosa región francesa. Además de pasear, tomar fotos ‘de postal’, relajarse tomando un café (eso sí­, a precio francés), olvidarse del mundanal ruido, si nos sobra el dinero (y nos sobra mucho) podemos sorprender a nuestro diletante tí­o con un precioso mueble o laúd del siglo antepasado: L’Isle sur la Sorgue es uno de los mercados de antigí¼edades más famosos del paí­s.

Y no se crean que todo es para milmillonarios. Yo recorrí­ esta parte del paí­s en mi coche de rancio abolengo (doce años en la carretera) y segunda mano. Y puedo decir con orgullo, que el único dinero que me gasté en visitar este lugar, fue el de la gasolina que consumió mi rocinante desde Aix-en-Provence, donde dormí­a y comí­a a precio mochilero, hasta L’Isle sur Sorgue, donde durante un breve lapso tuve la sensación de ser un turista privilegiado y con presupuesto de magnate. Ustedes pueden hacer lo mismo… ¡no se lo pierdan!