Además de los clásicos imperdibles de París (Notre Dame, Torre Eiffel, Museo del Louvre, etc.) la capital de Francia también tiene un lado oscuro que nada tiene que envidiar a Londres, más famosa en lo que a aspecto siniestro se refiere. Este artículo es una breve introducción a la Ciudad de las Luces… cuando las luces están apagadas…
Los viejos cementerios parisinos rebosan historia. Además de su belleza nostálgica y romántica, albergan personalidades de todo tipo: músicos, escritores, políticos y un sin fin de (ex) humanos ilustres. Entre los camposantos más importantes, se encuentran el de Montparnasse (metro Raspail) y el de Pére Lachaise (metro Pére Lachaise).
El primero, visualmente menos espectacular, cuenta con muchos sepulcros famosos: Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, Charles Beaudelaire, Julio Cortázar, Eugéne Ionesco, Guy de Maupassant y otros tantos.
Pére Lachaise es mucho más espectacular desde el punto de vista visual, con una vegetación frondosa que se vuelve casi selvática en algunas zonas. Aquí se encuentra la
Ambos cementerios tiene su estricto horario, que aproximadamente es de 8 a 18 (según la estación en que nos encontremos, en invierno cierran una hora antes), lo que contradice aquello de que los cementerios son lugares donde nadie quiere quedarse, y los que se quedan es porque ya no pueden irse. No cobran entrada y cuentan con varios mapas en el interior (ver foto), lo que hasta cierto punto facilita la visita. Pero si se tienen muchos muertos que visitar, mejor imprímanse un mapa de Internet, o consigan uno en algún centro turístico, puesto que es fácil perderse.
Si esta visita cementeril no colma sus ansias necrófilas, el remate es un descenso a las viejas catacumbas. A final del siglo XVIII los cementerios de París estaban tan superpoblados -es un decir- que la salubridad pública estaba en grave peligro. Se decidió entonces exhumar las tumbas viejas y llevar ese hueseréo a unas canteras que existían desde la época romana, para que así los por aquel entonces modernos parisinos tuvieran dónde descansar eternamente, sin apretones.
Las catacumbas (metro Denfert-Rochereau) cierran a las 17, pero no permiten el acceso después de las 16; el precio del acceso es a mi entender excesivo (siete eurazos). Después de un pronunciado descenso en escalera de caracol, de unos paneles explicativos, y de unos largos y estrechos pasillos sin nada en particular, lle
Al final puede que revisen sus bolsos de mano para que no se lleven ningún recuerdo, y los guardias que cuidan el interior «peinarán» las catacumbas en su camino a la salida, buscando que ningún morboso en busca de emociones fuertes planee quedarse en el interior a pasar la noche (prueba de que el alojamiento en París es caro). Sin embargo y a pesar de ser un monumento, no vi ningún cartel que prohibiera explícitamente la entrada de perros. Supongo que lo dan por sentado.
Con estas tres visitas, usted podrá conocer la historia parisina a través de sus verdaderos protagonistas: sus muertos.