En 1974, el Centro Hematológico de Nueva York, uno de los mayores proveedores de sangre de los EE.UU, pone en marcha un programa de investigación para la búsqueda de tratamientos y vacunas, el VILAB. Para llevar a cabo el programa, más de 100 chimpancés fueron infectados de enfermedades como el Hepatitis, Oncocercosis.
En Liberia había una gran población de chimpancés, una de las pocas especies animales capaces de desarrollar hepatitis, y un instituto de investigación abandonado que estaba cerca del aeropuerto, cuyas instalaciones les son cedidas por el gobierno liberiano.
Allí mucha gente tiene monos como mascotas. Cuando los chimpancés se hacen adultos los abandonan y VILAB los recogía para sus experimentos antes de capturar ejemplares salvajes.
Los chimpancés que no respondían a las vacunas eran abandonados en unas islas próximas porque desde ellas no podían regresar. Los chimpancés tienen miedo al agua, ya que no son capaces de nadar.
En 1989 se producen dos cruentas guerras civiles en Liberia, pero el centro de investigación consigue resistir a la violencia y no abandona las instalaciones. Pero las presiones por parte de los activistas en contra de la experimentación con primates en América consiguen que en 1995 el centro de investigación se cierre.
Cualquier visitante que se aventure a conocer las islas corre serio peligro de ser atacado por los primates, que solo se muestran dóciles con sus antiguos cuidadores.
Se trata de una historia que puede llevarnos a la reflexión sobre la práctica de experimentación científica con animales. Al menos, los chimpancés de la isla de los simios no fueron ejecutados tras haber sido utilizados y gracias a personas como Betsy Brotman, esposa del fundador del centro de investigación, pueden vivir en libertad y condiciones aceptables el resto de sus días.