Éste podría ser el comienzo de un cuento, pero no lo es. Igual que existen curiosos hoteles en el hielo, encima de los árboles o acondicionado entre los barrotes de oscuras mazmorras, hace unos años que el arquitecto Mark Anderson junto con otros tres compañeros, decidió hacer realidad uno de sus sueños de la infancia, crear un castillo de arena gigantesco que pudiera albergar personas entre sus muros de arena.
Pero este hecho no fue solo un antojo del escultor, se realizó para celebrar la afluencia de turistas en las playas británicas, unos 35 millones al año, de los cuales, la mayoría son foráneos.
El hotel, horadado en las arenas doradas de la playa, no contaba con techo ni baños, pero las habitaciones tenían su propio mobiliario hecho con arena: camas, sofás, repisas y con detalles decorativos. Al exterior, su aspecto era el de un castillo – fortaleza, con sus típicas almenas y pendones sacudidos por la brisa marina.
El precio para los excéntricos que se animaron a pasar la noche en este hotel, y no fueron pocos, rondaba entre los 10 y los 18 euros. La acción de la marea y a llegada de las lluvias, también fue el fin de la temporada para este curioso recinto turístico.