La barrera montañosa de Los Andes se extiende a lo largo de 7.000 km, abarcando parte de los países de Argentina, Chile, Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia y Venezuela.
Los penitentes suelen producirse en verano, con el deshielo, cuando el vapor que se produce con la descongelación asciende y el aire frío procedente del Pacífico los vuelve a congelar. El calor del sol y el juego de luces y sombras que produce, va acentuando su morfología y el viento los va puliendo, dando lugar a formas picudas, que recuerdan a los capirotes de las procesiones de Semana Santa.
Curiosamente, algunos de estos campos de agujas emergen sobre un suelo seco, que se descongela con el calor del suelo, mientras las formaciones permanecen endurecidas por la conjunción de fenómenos atmosféricos que han sido objeto de numerosos estudios.
Los penitentes pueden alcanzar diferentes tamaños, desde los 20 centímetros a los 5 metros de altura, dando lugar a un espectacular paisaje helado, un auténtico bosque de saetas blancas que puede ocupar amplias superficies de terreno, complicando las tareas de escalada de los montañistas que frecuentan estas cumbres.