De todos los lugares que he visitado en mi vida, donde con más diferencia me sentí totalmente incapacitado para mantener una conversación por mínima y trivial que fuera, fue en Banja Luka, capital de la República Serbia de Bosnia. Aclarar antes que nada que eso de que Bosnia es un país es una bella declaración de intenciones, una especie de caramelo que se tragan en la ONU y quieren que nos traguemos los demás. La triste realidad es muy diferente, y un simple paseo por la ex-república yugoslava lo demuestra a las claras. Aunque Bosnia tiene un estatus de federación, dividida en la República Serbia (srpska dicen ellos) y la federación croato-musulmana, lo cierto es que la relación entre ellos es mínima. Las únicas zonas del país donde verás ondear banderas bosnias es en las zonas de mayoría musulmana: los territorios de mayoría serbia y croata,
Banja Luka es una ciudad sin mayor atractivo más que unas ruinas nada espectaculares. Pero no olvidaré nunca mi visita a esa ciudad (que antes de la guerra contaba con un 65% de población serbia, que misteriosamente aumentó a un 95% con el avance del conflicto) puesto que a pesar de su aspecto de ciudad normal con gente normal, nunca me sentí más bicho raro en mi vida. El número de turistas es irrisorio. Caminando por las ruinas me crucé con una japonesa y ambos nos miramos con cara de ¡no puede ser! ¡otro turista!. Ella rompió el hielo y me preguntó «are you a tourist?». Maiko fue la única persona con la que pude hablar. Nadie, nadie, repito: nadie, nadie a quien quise preguntar donde dormir supo entenderme; ni inglés, ni francés, ni italiano. Me acerqué a un hotel 5 Estrellas con la esperanza de que ahí, sin duda, alguien hablaría inglés y me sabrían decir dónde alojarme. Pero no fue el caso. Me acabé rindiendo y dormí en mi coche, en un aparcamiento junto a las ruinas. A la mañana siguiente gritos y ruidos de toda clase me despertaron: ese aparcamiento era la sede del mercado público de los sábados. Y sí, lo adivinan: era sábado. Todavía no sé cómo me las arreglé para sacar mi Volkswagen (Nota del editor: este comentario no está financiado por la marca en cuestión y es responsabilidad exclusiva de su autor) Passat (de segunda mano y del 92, qué se creían).
«¿Qué clase de página de viajeros recomendaría un lugar donde ni saben si hay dónde dormir, donde no hay cosas atractivas que ver y donde encima no entenderás lo que la gente te dice?». Sí, sólo una página original y única. La que estaís leyendo: www.guiadeltrotamundos.es, donde cada artículo es una sorpresa (o la obra de un desvergonzado, según prefieran).
Mi experiencia en Banja Luka (pronunciado banyaluka) es de las más impactantes que recuerdo, aunque no tenga fotos espectaculares ni recuerdos típicamente turísticos que contarles. Por eso mismo les hablo de ella. Por eso mismo se las recomiendo. Los que tengan espíritu aventurero me entenderán.