Probablemente te haya pasado que en uno de tus viajes te sientes en un banco y, de repente, te des cuenta de que tiene una inscripción. ¿Acaso el banco se llama George? ¿O es que tiene dueño y le estás quitando el sitio con la consiguiente regañina que te podría caer? No, en realidad no. En realidad, el banco es de un muerto.
Vale, queda un poco tétrico decirlo así, pero en algunas ciudades, especialmente en las de Reino Unido, los familiares de la persona fallecida pueden comprar un banco y añadirle una chapa en conmemoración de ese alguien que ya no está entre nosotros. Lo cierto es que el ayuntamiento se ahorra bastante dinero con esta iniciativa y es una forma bonita de mantener la memoria de esos Georges y Marys que han perecido.
Seguramente la próxima vez que te sientes en un banco te fijes mejor en la chapa y le des las gracias a esa persona que ha pasado a «mejor» vida para que tú puedas descansar tu trasero.