Sin embargo, Burano es un lugar pintoresco donde el color, protagonista indiscutible, salpica todos los rincones del entorno, otorgando un peculiar aspecto al conjunto, ya que todas sus viviendas están pintadas de vivos y diferentes colores.
Las casitas de Burano son de dos o tres pisos. El color delimita el espacio de cada vivienda, pincela las aguas de los canales que la recorren y alegra el resto de calles y rincones. La leyenda cuenta que los marineros de la isla pintaban de un color particular cada una de sus viviendas para poder distinguirla desde la lejanía, mientras faenaban.
A parte de Burano y su Museo del Encaje, se pueden visitar otras pequeñas islas cercanas como Mazzorbo, Torcello o la isla –monasterio de San Francesco del Deserto. También pueden aprovechar su visita para admirar el genial y famoso cristal de Murano, del que hablamos anteriormente en otra entrada de nuestro blog.
Otros atractivos son comer un buen pescado fresco en alguno de sus restaurantes, recorrer sus canales y comprar alguna pieza de encaje elaborada por sus paisanas.