Amigo de artistas como Picasso, Dalí, René Magritte o Buñuel, James estuvo vinculado al movimiento surrealista. Las Pozas de Xilitla fueron el entorno perfecto donde dar rienda suelta a sus extravagantes fantasías.
La selva fue el entorno perfecto para su jardín secreto, como vestigios de una civilización perdida, dispuso restos arquitectónicos al estilo de culturas del pasado, como la egipcia o la mesopotámica; elementos góticos, estructuras inacabadas, jaulas gigantes, arcos invertidos…una especie de País de las Maravillas en el que dio rienda suelta a la imaginación.
Todos los elementos emergen en una vegetación exuberante, agreste, ocupando un espacio de casi 40 hectáreas que el inglés compra cuando se traslada a México huyendo de su desaforada vida por los ambientes intelectuales de Europa y Norte América, y de los horrores de la II Guerra Mundial, junto a Plutarco Gastélum, el que fuera su socio hasta el final de sus días.
La Casa de los Peristilos, el Templo de las Dos Columnas, la Escalera al cielo o la Estructura de tres pisos que pueden ser cinco, son algunas de las construcciones más emblemáticas de Las Pozas.