Hallstatt se encuentra bastante aislada, ya que ocupa la única franja de tierra que existe entre la montaña y el lago. El acceso se hace por una vía perforada en la roca.
Su nombre deriva de la palabra céltica hall, que significaba sal, ya que se encuentra rodeado de minas de esta roca comestible. Precisamente, la sal fue el motor económico de la localidad, que estuvo ocupada desde la Prehistoria, habiéndose encontrado restos que alcanzan los 5.000 años de antigüedad. A mediados del siglo XIX se descubrieron los primeros restos arqueológicos de lo que se ha venido a denominar Cultura de Hallstatt, que ha legado a la Historia gran número de tumbas y objetos, testigos de la prosperidad de sus moradores.
Cuenta con una preciosa plaza de mercado, una iglesia románica que es la parroquia católica y otra protestante, en estilo neogótico. Otro atractivo de Hallstatt es el Hallstätter Beinhaus, un osario anexo al cementerio donde se conservan más de 1.200 cráneos coloreados.
Todo el entorno está rodeado por montañas llenas de cuevas, saltos de agua como los de las cascadas Waldbachstrub y frondosos bosques de gran riqueza natural.