Alrededor de los años 70, los antropólogos tienen el primer contacto con esta tribu hasta entonces se desconocida. En 1995 es fotografiada por primera vez por George Steinmetz, fotógrafo de National Geografic.
Se trata de una tribu muy inaccesible que se distingue por dos cosas: vive sobre los árboles y practica el canibalismo.
Existen alrededor de 3.000 korowais divididos en grupos familiares de 10 o 12 personas. Cada grupo habita en una casa construida en la copa de los altos árboles de la selva, algunas de las cuáles alcanzan hasta los 40 metros de altura.
Se trata de chozas livianas pero muy resistentes, de unos 40 metros cuadrados, construidas a base de ramas trenzadas, hojas, broza y lianas, que se sustentan sobre troncos de árboles fuertes como pilares, que cimentan la estructura y a las que acceden trepando o ayudándose de escalas hechas con madera.
Los Korowai sienten pánico a la oscuridad; es entonces cuando se refugian en sus chozas, donde el espacio se divide entre el grupo de hombres y de mujeres.
El canibalismo se practica cuando creen que se ha producido brujería y ésta ha provocado la muerte a algún miembro de la tribu. El culpable del delito, al que llaman khakhua, si ha sido acusado por el moribundo antes de fallecer, es condenado a muerte y su carne es cocinada y consumida por los adultos de la tribu.
Son un pueblo nómada, que se desplaza en función de los alimentos que tenga a su alcance. Pero tranquilos, su dieta la componen básicamente la harina de la palmera del Sagu, insectos, jabalís y monos.