La curtiduría es un amplio espacio rodeado de edificios en cuyos tejados y balcones se secan las pieles de diferentes animales: corderos, cabras, dromedarios, vacas, etc, para ser tratadas y transformadas en objetos de marroquinería que se venderán en el zoco.
El espacio está ocupado por grandes tinas circulares de ladrillo llenas de tintes naturales, recreando una especie de caja de acuarelas sobre la que los curtidores, desempeñan su incesante actividad: sumergen, cepillan, golpean y amontonan cientos de pieles, metidos hasta la cintura en las fétidas bañeras que tiñen los cueros.
El proceso comienza en las hediondas pilas de cal y excremento de paloma, donde sumergen las pieles para que el ácido de la mezcla elimine cualquier resto de carne o pelo de la piel y las vuelva suaves y maleables. Después, los curtidores repasan a cuchillo los posibles remanentes y pasan a las pilas de coloración, donde el cuero se tornará rojo, amarillo, marrón, turquesa…
El olor que se respira en la curtiduría Chouwara es bastante desagradable, aunque durante la visita siempre se ofrecen ramos de hierbabuena a los turistas para mitigarlo, a cambio de cualquier propina.