El salar es un enorme desierto de aproximadamente 3.000 kilómetros cuadrados, donde existen otras lagunas, como la de Tebinquinche, con menor concentración de sal y una asombrosa panorámica en la que pueden verse la cordillera de los Andes reflejada en sus aguas; la de Chaxa, reserva de flamencos; o pozas de agua dulce, como los Ojos del Salar.
La laguna Cejar tiene de un nivel de flotación superior al Mar Muerto, debido a su alta concentración de sal y de litio. Es habitual ver en sus aguas a algunos turistas que disfrutan de la experiencia de flotar sin esfuerzo, mientras leen una revista o se relajan simplemente con la sensación ingrávida del baño.
Sin embargo, hay algunas recomendaciones para poder disfrutar plenamente de la visita a Laguna Cejar, como llevar unas chanclas, ya que los cristales de sal que se forman a la orilla del agua pueden llegar a producirnos alguna herida. Tampoco hay que olvidar las gafas de sol, puesto que no hay sombras y los cristales de sal pueden dar lugar a reflejos dañinos para nuestros ojos.
Después de secarnos, notaremos como nuestro cuerpo ha quedado cubierto de estos pequeños cristales de sal, así que será el momento de aprovechar y hacernos un buen peeling, ya que no hay duchas en las que aclararnos.
Para entrar a la laguna hay que pagar una pequeña entrada, de aproximadamente tres euros, pero merece la pena solo por la experiencia y por el entorno del desierto, sencillamente sorprendente.