Está situada a tan solo unos metros de la costa de Turquía y a poco más de 100 km de Rodas, en el archipiélago del Dodecaneso. Es una pequeña isla de 9 k2 y dos islotes aledaños con los que no suma ni 12 km2 de extensión, en pleno Mediterráneo, con una población de menos de 500 habitantes.
Se trata de un lugar pintoresco, con pequeñas casas tradicionales a lo largo de toda la costa: estucos blancos y celestes, pequeñas cúpulas, fachadas con tímpano triangular, calles empedradas y aguas tranquilas y cristalinas.
Para llegar hasta allí, hay que hacerlo en lancha o en barco-taxi. Desde la isla salen excursiones programadas a diario, siempre por la mañana, para poder disfrutar del momento exacto en el que el sol propicia la luz azulada en su interior, donde el agua es cálida y cristalina.
No se puede pasar por alto el mercado de pescado en el puerto, ni la gastronomía de costumbres otomanas que ofrece deliciosos patos y postres tradicionales.