Se trata de un bosque lacustre de unos 300 kilómetros cuadrados de extensión, recorrido por el río Spree y más de doscientos canales que reparten el agua del humedal formado durante el deshielo de la última glaciación, dejando zonas boscosas y pastizales verdes. Es una especie de Venecia dentro de un sugestivo bosque.
La región fue habitada desde el siglo VI por la tribu eslava de los Sorbios o Sorbos, una minoría étnica autóctona que conserva su idioma tradicional, sus costumbres y sus formas de vida. Residen en granjas y casas de madera, a las que a veces solo puede accederse en barca.
Ambas cuentan con un pintoresco casco antiguo y con embarcaderos desde donde se pueden alquilar pequeñas barcas o kayak y realizar excursiones al corazón del Spreewald.
Los mejores meses para visitar Spreewald son los de primavera y otoño. Allí, es fácil encontrar alojamiento en hoteles y casa rurales de madera, integradas en el bosque, aunque es bastante cómodo hacer la visita desde Berlín y regresar en el mismo día.