Uno de esos lugares privilegiados es Ikaria, que forma parte de las islas griegas del norte, frente a las costas de Turquía, en el mar Egeo.
La pequeña isla de Ikaria dedica su nombre al personaje mitológico Ícaro, hijo de Dédalo, quien utilizó unas alas de cera para huir de Creta y, tras acercarse demasiado al sol, éstas se derritieron haciéndole caer muerto al mar, cerca de estas costas.
Icaria tiene un relieve montañoso, que da lugar a pequeñas y solitarias calas, como las de las playas de Mesakti y Livadi. Su economía depende en gran parte de la producción vinícola, y parece que sus caldos y su equilibrada dieta mediterránea, a base de pescado y vegetañes, son la receta de la longevidad, pues según algunos estudios, los residentes en la isla viven hasta 10 años más y con mejor calidad que el resto de europeos.
Además, casi todas albergan multitud de ruinas clásicas, como el Odeón romano de Kampos; las ruinas de Drakano en Faros o la capilla Theokepasti en Arethousa, o el Templo de Artemisa en Nas.
Toda la isla es un pequeño paraíso donde pasar unos días inolvidables, rodeados por aguas cristalinas, tradición y cultura clásica.