Allí, a unos cuantos kilómetros de distancia, se levanta frío e imponente el monte Luya, conocido como Luya Shan, una montaña de origen volcánico de sorprendentes y curiosas entrañas de hielo.
Allí, en la profundidad de la montaña, el hielo glacial quedó encerrado y resguardado como un gran frigorífico natural, gracias a la altura de la montaña y al clima monzónico continental de la región.
El paso de los años, los cambios de temperatura y la erosión ha generado un impresionante catálogo de formas de hielo en el interior de la cueva.
El espacio más amplio es de casi 20 metros de anchura y todo el recorrido se encuentra iluminado con sutiles tonalidades de colores, que multiplican los contrastes y la fantasía de los témpanos, estalactitas y todo un catálogo natural de formas del hielo: flores de escarcha, columnas, nubes, pináculos, etc.
Las cuevas pueden visitarse durante todo el año, ya que se mantienen congeladas de manera continuada.