La pequeña aldea de Argentat conserva toda la belleza de las villas del siglo XVII, con sus tejados de pizarra y torres pinaculares, flanqueando los márgenes del río Dordoña, en dos barrios que se unen a través de un estrecho puente de tres arcos.
La presencia del río, posibilitó en la villa un fecundo comercio fluvial, a través del cual, enviaban sus productos ganaderos y forestales, como las pieles, los lácteos y la madera, a las ciudades de Burdeos o Bergerac, además de contar con una de las ferias más importantes de toda la región.
Argentat cuenta además con una sala de exposiciones permanente y con un centro acuático, donde se llevan a cabo deportes naúticos.
Durante los meses de verano, se celebran numerosos festivales de música tradicional, celta o Jazz.