Pompeya es una de las ciudades mejor conservadas de la Antigüedad
Cuando pensamos en Pompeya, asociamos el nombre de la ciudad a la despiadada erupción del volcán Vesubio. En el año 79, toda la villa romana quedó sepultada bajo las cenizas y la lava del volcán. Con ella, también quedaron enterrados sus habitantes, sus propiedades y sus formas de vida.
Las ruinas de Pompeya no fueron descubiertas hasta el siglo XVI, pero será el rey Carlos III de España y también de Nápoles quien sufrague las primeras excavaciones.
El hecho de que Pompeya fuera sepultada por una vasta capa de cenizas, ha permitido que los restos se conserven en muy buenas condiciones. Uno de los aspectos más interesantes es que junto a los restos arquitectónicos, se han conservado restos humanos. Éstos, pese a sus horribles muecas de pavor, evidencian cómo eran sus vidas, cómo vestían, de qué se alimentaban, etc.
La Pompeya arqueológica
Para recorrer la villa es necesario ir con calzado y ropas adecuadas. Además, es imprescindible ir con tiempo, ya que visitar a excavación puede llevar más de 5 horas.
La ciudad, que de visitarse por libre conviene preparar la ruta con anterioridad, tiene varias puertas de acceso. En su interior cuenta con todos los tesoros propios de la arquitectura romana: templos, termas, anfiteatro, gimnasio, etc.
El horario de visita es de 9 a 19.30, excepto los meses de invierno que se recorta hasta las 17 horas.
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