En busca de las doscientas momias (y II)

(Continuación de una entrada anterior…)

Una vez en Leymebamba, que no es que sea Acapulco pero tiene todo lo que necesita un mochilero de alma (dónde comer, dónde dormir) es el momento de buscar y negociar con las pequeñas agencias turí­sticas locales para acercarnos a la chullpa (recinto funerario) original. El camino es bastante largo y cansador. Las agencias insistirán bastante en la necesidad de alquilar caballos y yo, que soy una auténtico animal a la hora de encarar montañas, he de decir que no son para venderte la moto (o venderte el En busca de las doscientas momias (y II) - 110107_lagunacondorescaballo, que dirí­a Kurt Cobain). Esta experiencia la compartí­ con mi hermana y otro colaborador de esta web -Daniel- y nos alquilamos dos caballos para los tres. Corrijo: uno en exclusiva para mi hermana y otro para Daniel y para mí­, que nos í­bamos turnando. Creo que, si no imprescindibles, ayudan mucho, y si tu forma fí­sica y desenvolvimiento en montaña no son realmente excelentes, son necesarios. La excursión incluye la comida, y los guí­as se hacen cargo de todo en el camino, hasta de cocinar, aunque cuando de mochilerismo se trata, todo es negociable (regla de oro donde las haya).

La salida, bien temprano, y tras un porrón de horas de camino (entre nueve y once) se llega a la Laguna de los Cóndores. Hora de descansar el cuerpo (o las partes traseras si lo subiste a caballo), relajarse, cenar en la humilde cabaña y tener un sueño reparador. A la mañana siguiente la subida al antiguo recinto de las momias -recuerda que se las llevaron al museo de Leymebamba y sólo quedan unas pocas- es de unas dos horas, solamente a pié, y las vistas son increí­bles. El camino, entre la selva tupida y húmeda, te hace sentir como si fueras el primer explorador en llegar al lugar. Y arriba de todo, vigilando el lago, la construcción funeraria con signos visibles del saqueo sufrido, y algunos trozos de momia esparcidos por el suelo. Probablemente la mayor aventura arqueológica que puede tenerse en el Perú, puesto que a Machu Picchu a belleza nadie le gana en toda Sudamérica, pero de aventura tiene lo mismo que tejer un jersey en una biblioteca.

De regreso a Leymebamba, al dí­a siguiente, no olvides visitar el museo si no lo habí­as hecho antes (si quieres que tu llegada a la chullpa junto a la laguna sea totalmente sorprendente e inesperada, es mejor dejar el museo para el regreso). En mi hostal la ducha caliente tení­a precio distinto a la ducha frí­a, y como la economí­a estaba realmente maltrecha, mi elección sobre la temperatura del agua pudo escucharse en forma de blasfemias de toda clase en diez kilómetros a la redonda. Las de Daniel, en quince. Pero nada borrarí­a esos tres dí­as inolvidables que nos regalaron los ancestros y los descendientes de la cultura chachapoyas, una de las más fascinantes y menos conocidas, mezcla perfecta entre cultura andina y amazónica, de todas las que salpican la superficie del Perú. El sueño de todo arqueólogo.

http://centromallqui.org.pe La página oficial del museo de Leymebamba (Mallqui, que según mi quechua de andar por casa -es decir de buscar en Internet- significa «árbol frutal»). Información turí­stica, arqueológica, histórica, alojamientos, transporte… Tiene la más completa información sobre la zona. Imprescindible.

Yo insisto en que no es bueno matarse a ver videos y fotos para decidir si se va a un lugar. Sigan su instinto. ¿No les basta que se lo recomienden, y punto? Yo así­ es como viajo, y me ha ido muy bien por cierto. Pero como hay gente que necesita ver para creer, aquí­ van dos videos sobre todo el Amazonas peruano, ese gran (e injustamente) desconocido:

Preguntas Muy (o bastante) Frecuentes

-¿Por qué deberí­a yo visitar la Laguna de los Cóndores?
Por su riqueza arqueológica sin igual. Por la aventura de llegar. Por la sensación de estar descubriéndolo tú mismo. Por los lugares que lo rodean. Porque todo el mundo sabe que esa zona del paí­s todaví­a esconde yacimientos deslumbrantes sin descubrir y quién sabe… quizá tengas suerte y des con uno de ellos.

-Tengo mis dudas. Es tan complicado llegar hasta allí­ y lleva todo tanto tiempo… cinco o seis dí­as en total para un museo y unas ruinas… ¿realmente merece la pena?
Entiendo tus dudas. A mí­ entender sí­ merece la pena y por mucho; claro que si tienes dos semanas en total para visitar todo Perú, entonces habrá que dejarlo para otra ocasión (de todos modos si alguien cree que puede tener una idea aunque sea mí­nima de Perú con menos de un mes disponible, anda más perdido que un… bueno, ya saben… que un… en el dí­a del padre, vamos). Aunque Leymebamba, punto de partida para la excursión, está algo alejado de las rutas turí­sticas habituales, relativamente cerca están las imponentes ruinas de Kuélap, una fortaleza antiquí­sima que también quita el hipo, y también la ciudad que tomó el nombre de la civilización responsable de tanta belleza en la zona: Chachapoyas, ciudad con -¿lo adivinas?- más yacimientos que visitar en los alrededores. Por otro lado Chachapoyas, además de un nombre de sonoridad inolvidable, es un nudo de comunicaciones desde el cual regresar a la costa peruana, emprender viaje hacia Ecuador, o lanzarse al Amazonas peruano y hasta seguir a Brasil.

-Ya me has asustado con lo de las dificultades para ir hasta Leymebamba. ¿Cómo se llega hasta allí­? ¿En un viaje astral?
No te asustes. Transporte hay. Lo que ocurre que no es diario y a uno le puede ocurrir que llegue a un lugar sin nada en particular (Celendí­n por ejemplo), que le digan que no hay transporte hasta dos dí­as después y que acabe subido al techo de una camioneta de carga durante diez horas, como me sucedió a mí­ y a mi hermana. Como dije en la anterior respuesta, si uno no dispone de tiempo, es para pensárselo, o para planificarlo muy bien. Hay conexiones desde la costa Cajamarca-Celendí­n, o desde Chachapoyas, pero el transporte no es diario desde ninguna de las dos, y hay que estar atento a los horarios e informarse bien (aquí­ dispones de mapas y combinaciones de transporte). Pero si se tiene tiempo y espí­ritu aventurero, lanzarse a la aventura para ver cómo llegar a Leymebamba sin tener muy claro ni si era posible, es de las mejores cosas que hice en mi recorrido por Perú. Y si estás leyendo Guí­adeltrotamundos, es porque tienes espí­ritu aventurero. ¿O no?

-¿Me puedo llevar algún recuerdito de las ruinas?
Lo que te vas a llevar es una buena h… h… hadvertencia (ya sé que va sin hache, pero algo tení­a que hacer para no decir «hostia». Vaya, lo dije al final). Son unas ruinas únicas y aunque creas que «una piedrecita» o «un huesecito» no van a importar nada, la acumulación de actitudes así­ son las que acaban destruyendo un lugar increí­ble que todos debemos proteger y conservar como la joya que es. Sé responsable y sigue la máxima de no dejar allí­ nada de lo que llevaste, ni llevarte nada de lo que encontraste.

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