Un diamante se esconde en Brasil (y III)

Habrá para quienes “pobres almas- la tranquilidad y magnetismo vagueante del lugar no sean motivos suficientes para visitar Capço. Sin embargo, no todo es dejarse llevar por la paz y quietud del lugar, si no que además hay cómo entrenar las piernas. Primero, a todos los lugares hay que ir caminando, así­ que de todos modos cuando uno va a vaguear a un rí­o o cachoeira, su media/una hora de caminata diaria no se la quita nadie. Pero son dos excursiones más exigentes las que hacen de Capço una visita obligada.

La primera es la cachoeira Fumaça, el segundo salto de agua más alto de Brasil (384 metros). Mucha gente lo visita desde paseos organizados en Lençois; éstos llevan o bien a lo alto (un dí­a) o bien al pié (varios dí­as) de la cascada. Desde Capço la caminata es fácil, unas cinco horas ida y vuelta. Casi todo el mundo va con guí­a; yo fui con otros tres miserables de mi estilo, siguiendo a la distancia a un grupo organizado que tení­amos delante. El guí­a de ese grupo, rabioso porque í­bamos siguiéndolos “nos negamos a contratar otro guí­a, porque no nos dejaron ir en ese grupo, para que así­ pagáramos un guí­a extra- aceleró la marcha y nos dejó atrás. No hubo problema, porque el camino está bien delimitado y excepto un pequeño momento entre pantanos, es muy difí­cil desorientarse si el clima está despejado (si hay niebla el tema es distinto). Desde arriba del todo las vistas sonUn diamante se esconde en Brasil (y III) - 010207_chapada increí­bles, particularmente desde una roca que sobresale y en la que uno se tumba para ver la caí­da libre (como se ve en la foto). La cachoeira Fumaça es uno de mis ejemplos favoritos cuando digo que es mejor no ver fotos de adónde vamos: yo fui a este lugar sin las más mí­nima idea de lo que me esperaba. Unos madrileños que habí­a conocido en el pueblo me habí­an dicho hay una cascada bastante maja, se llama Fumaí. Esos eran mis pí­rricos datos. Jamás olvidaré ese paseo.

La otra caminata, impresionante, es a lo alto del Morrí£o. El Morrí£o es el morro (tepuy o montaña) más imponente que tiene el Vale do Capço. Casi nadie va hasta allí­, el camino es complicado y no está nada señalizado, hay serpientes venenosas en la zona. Razones de más para que, con un argentino -Agustí­n- que conocí­ en Capço, nos lanzáramos sin dudarlo, aunque casi dando palos de ciego. Nos perdimos. Nos desorientamos. Caminamos campo a través. Pero al final llegamos a la cima, que incluye algunos momentos de suave escalada (yo no soy profesional ni de lejos y no tuve problema). Aunque los caminos son múltiples e insisto en que poco delimitados, lo cierto es que el Morrço se ve todo el tiempo desde Capço, y Capço se ve casi todo el tiempo desde el Morrço. Como no perdemos de vista el destino ni a la ida ni a la vuelta, es relativamente difí­cil perderse del todo. Es decir, en lugar de ¿Dónde estoy?, nos preguntaremos ¿En cuál de estos tres caminos que van hacia el Morríço, o Capço si estamos de regreso, hay menos maleza?. Las vistas desde lo alto, pero sobre todo la emocionante manera de llegar hasta la cima, son absolutamente una experiencia para no olvidar jamás. Si tienes relativa forma fí­sica “relativamente buena se entiende- y no eres de los que se ponen nerviosos a las primeras de cambio, que gritan ¡¡nos perdimos, nos perdimos, vamos a morir!! a la primera dificultad, no te la puedes perder.

Cuando me fui de Capço, con una amiga que conocí­ hice una especie de juramento de que no hablarí­amos a nadie de ese lugar, para que así­ conservara su magia y su tranquilidad. Con estos artí­culos siento que he violado ese juramento; me consuela pensar que lo dificultoso y las pocas comodidades del lugar echarán atrás a más de uno, y Capço seguirá siendo siempre el más precioso “y oculto- diamante que esconde Brasil.

http://pt.wikipedia.org/wiki/Chapada_Diamantina Prueba de lo poco conocido del lugar, es que Wikipedia sólo ofrece dos artí­culos, y no muy detallados: el que les recomiendo en portugués, y otro el galego. Hay otros enlaces, pero o están en construcción o dejan bastante que desear. Confórmense con lo mucho que les cuento yo.

Preguntas Muy (o bastante) Frecuentes

-¿Por qué deberí­a yo visitar la Chapada Diamantina?
Por su tranquilidad sin igual. Por su magnetismo relajante. Por su paz. Por su magia. Por sus cachoeiras. Por sus caminatas. Por sus montañas. Porque nunca lo olvidarás.

¿Cómo se llega?
A Lení§ois hay buses directos desde Salvador de Bahí­a. El viaje es largo por lo que recomiendo hacer el recorrido de noche. Para llegar a Capço, se toma el mismo bus, pero uno se baja en Palmeiras (cuidadito que hay mil lugares llamados Palmeiras en Brasil; asegúrate que vas al palmeiras de la Chapada Diamantina). Según bajes del bus, habrá locales esperando llevarte en camioncito hasta Capço. No creo que sean más de quince kilómetros, y el viaje es de una hora y pico. ¡Imagí­nate cómo es el camino! La aventura comienza pronto

¿Dónde duermo?
Lençois está lleno de alojamientos y restaurantes. Yo pernocté en el Youth Hostel, que regenta un argentino, de Mendoza. En Capço hay menos alojamientos “pousadas le dicen en Brasil- pero suficientes. Recomiendo mucho la Pousada Sempreviva, que tiene habitaciones, camping y hasta una cocina para compartir. Además es muy barato. Para comer, hay pocas opciones, pero suficientes también. Dos lugares de plato preparado o prato feito “uno de ellos la casa de una señora- y un buen lugar sobre todo para el desayuno, llevado por “sorpresa- otro argentino llamado Diego, muy simpático aunque se quedara mentalmente colgado en algún momento de los años setenta.

¿Qué hay de la fauna?
Yo, como todos, locales y visitantes, caminaba descalzo un dí­a sí­ y otro también. Pero es cierto que en la zona hay tarántulas y serpientes venenosas (yo vi una verde chiquita, y otra negra, roja y amarilla de un metro y pico, en las dos semanas que anduve por ahí­). A mí­ no me impidió hacer nada, y espero que también sea tu caso y no te acobardes por esto (podrí­a habérmelo callado y punto).

¿Cómo se va uno de allí­?
He ahí­ la magia del lugar. Especialmente en el caso de Capço, uno no sabe cuándo irse, siempre hay excusas para quedarse un poquito más, como los niños pequeños que dicen ¡la última mamá, la última!. Es un Triángulo de las Bermudas a la brasileña: uno sabe cuándo y cómo entra, pero no cuándo ni cómo sale. Desde Lençois la salida es fácil porque hay buses de lí­nea. Desde Capço, hay que estar atento y buscar las camionetitas que vayan hacia Palmeiras o Lení§ois, que no salen todos los dí­as, y de allí­ enlazar al mundo real. Yo sólo me fui cuando me quedé sin dinero “en Capço no hay bancos, es un pueblito enano, pero en Lençois sí­- y estoy seguro de que cuando vuelva “y pienso volver- me pasará exactamente lo mismo. ¿Y tú? ¿También te dejarás secuestrar por el encanto de la chapada?

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