Bantock House, un museo para disfrutar

Wolverhampton es una pequeña ciudad inglesa mucho menor que todo su encanto. Es el típico sitio al que te querrías mudar cuando te den tu pensión para tener una vida tranquila y muy agradable, aunque el clima, quizás, no acompañe el sueño idílico. A la mayoría de los trotamundos esto no le importa, ¿cierto? Y si visitan Wolverhampton, no pueden dejar de pasarse por el museo Bantock House.

Bantock House, un museo para disfrutar  - Bantock_House_Dutch_Garden1-300x200Bantock House está compuesto de unos terrenos muy extensos donde todo es verdes, de unos pequeños jardines que rodean la casa y, por supuesto, la casa, el eje central del sitio. La entrada es gratuita, pero, de no serlo, merecería la pena pagar para visitar la casa.

La casa se construyó en 1730 y al principio fue concebida como la vivienda de una granja, pero sucesivas remodelaciones por parte de la familia Bantock la transformaron en una casita digna de ser el escenario de cualquier historia de época.

La mejor parte de este museo es que te dejan sentarte en los muebles, toquetear las pertenencias -algunas- de los Bantock y conocer mejor cómo era la vida del servicio. La sala del billar, por ejemplo, está espléndida para cerrar un trato con un amigo, aunque sea uno ficticio, porque tiene unos sillones la mar de cómodos.

Dentro de la casa, además, se hacen exhibiciones a menudo. La última fue acerca de las tabernas de Wolverhampton y algunos juegos de entonces. Cabe destacar que la casa es a prueba de niños pequeños y que tiene una zona para ellos donde podrán jugar con títeres, colorear dibujos o divertirse aprendiendo mediante unos ingeniosos panfletos que los convierten en detectives por unas horas.

Bantock House, un museo para disfrutar  - Bantock_House_Billiards_Room1-300x200

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