El alambre de púas también tiene su museo, ¡no vayas a creer que no!

El mundo de por sí es un lugar extraño, no me negaréis eso. Hemos visto museos más o menos llamativos, como el del sexo de París o la casa de Anna Frank, que ese pone los pelos de punta, pero, ¿acaso podíamos imaginar que en algún sitio del globo erigieran un museo al alambre de púas? Tenemos que viajar hasta Estados Unidos para encontrarlo.

Y si el mundo es raro, Estados Unidos es el país más representativo. En McLean, Texas, tenemos un museo dedicado al alambre de púas, alambre de espinos o alambrada, como gustes. Allí, además de contarte la historia de este invento, pueden enseñarte los más de dos mil modelos que hay al respecto y las cuatrocientas patentes que se han registrado.

¿Pensabas que la alambrada era algo tan simple como alinear unos trozos de alambre para proteger un área? No, por supuesto que no. Se puede decir que Michael Kelly, en 1868 inventó el primer alambre de púas, pero fue Joseph F. Glidden of DeKalb quien, recogiendo el testigo de Kelly, creó el modelo de alambre de espinos que más se utiliza hoy en día y, de algún modo, el padre definitivo de este invento que perfeccionó.

Desgraciadamente, el alambre de púas no solo se ha empleado para cuidar el ganado, sino que este objeto desempeñó un papel crucial en la guerra de las trincheras durante la Primera Guerra Mundial, ya que se encargaron de producir la mayoría de bajas. Los soldados la usaban para ralentizar el ataque enemigo y aprovechar que los rivales se quedaban enganchados para atacar con metralladoras.

En el museo de la almabrada de Texas encontrarás alguna anécdota más sobre este espinoso invento. Encima, para más señas, se encuentra en la ruta 66. Toda una revelación, ¿verdad? Más información en su página web.

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